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Atrapados en el 'dragon khan' del coronavirus, ¡fiesta!

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Atrapados en el 'dragon khan' del coronavirus, ¡fiesta!

YARA NARDI

La sexta ola del coronavirus vuelve a rebasar el umbral desbaratándolo todo. Otra vez. El ciclo se repite, los intervalos son más frecuentes. El miedo sucede a la euforia. De planear el próximo puente festivo y los días navideños se pasa a poner el freno de mano.

Que la vacuna es el mejor remedio para plantar cara al virus es indudable. España aventaja al resto de Europa gracias al 80% de vacunados. Que la mascarilla y la prudencia en lo cotidiano son los escudos frente a los nuevos contagios no se discute. Al menos en este pedazo del continente, donde hay holandeses, alemanes y belgas que salen a la calle contra las mascarillas, contra las restricciones, porque un trozo de tela les limita la libertad de morir como quieran.

Que el pasaporte covid debe paliar las restricciones más severas suena a sensato, salvo para algunos jueces españoles. Que el pase ('green pass') sirva, además, para que los rezagados se vacunen por primera vez habrá que comprobarlo con los próximos datos. Dicen que después de la marejada invernal se recobrará la calma, allá en el primer trimestre del año 22, ya no habrá séptima ola.

Hace exactamente un año, la periodista Gemma Tramullas firmaba en este diario un artículo titulado 'La euforia por la vacuna del coronavirus siembra confusión'. La experta en crisis Ingeborg Porcar y el profesor de la UPF Carles Pont advertían de lo que podía pasar. Y se ha ido repitiendo según subía o se relajaba el 'dragon khan'.

Gatillazo festivo

Aquellas reflexiones sirven para estos días de gatillazo festivo ante la racha de contagios. Los datos epidemiológicos de la primera quincena de noviembre invitaban a dibujar un fin de año sin restricciones, al menos en España. Matemáticos y epidemiólogos así lo predecían. "No habrá sustos por Navidad", dijeron a este diario aunque rectificaron pocos días después. Entre todos se generaron unas expectativas falsas. Las reservas para las cenas de empresa, también las de Navidad, y los viajes se dispararon. ¿Llegarán las cancelaciones?

"Hay que ser mucho más cuidadoso y comunicar solo certezas. Lo demás solo genera altibajos emocionales y mina la confianza de los ciudadanos en los gestores de la crisis. La gente está cada vez más confusa", decía Porcar. "Se confunde el deseo con la realidad", subrayaba Pont. La confusión hoy es mayor a las puertas de un diciembre que se preveía desatado por tierra, mar y aire y que habrá que controlar con test de antígenos, mascarilla y distancia.

En aquel reportaje de Gemma Tramullas también se advertía de que el exceso de optimismo podría llevar a la ciudadanía a relajar las medidas de prevención. Está pasando, es normal y nos lleva al absurdo. La mascarilla está incorporada a los actos cotidianos pero también se usa de un modo nada cartesiano. Llegas a un restaurante con el tapabocas, saludas, te confirman la reserva, tomas asiento y te despreocupas de la mascarilla prácticamente hasta el momento de pagar la cuenta. He visto gente que se quita la mascarilla cuando le viene un estornudo. Hay sesiones de trabajo en la oficina con todos los reunidos con la mascarilla reglamentaria, y cuando acaba el encuentro se la quitan para repartirse en pupitres como si los riesgos se hubieran desvanecido.

Por no revisar qué se hace en los grupos burbuja de los colegios entre las horas de clase, el patio y la salida rumbo a extraescolares dispersas. O dar un toque al usuario del transporte público que se la baja para hablar por el móvil pese a la insistencia de la megafonía en cada estación. O los que aún no han pillado que la mascarilla debe tapar nariz y boca. El hartazgo de tantas mascarilla te baja la guardia, me dijo una amiga antes de empujarme como Zlatan Ibrahimovic a César Azpilicueta.

Todos muertos

"Que vaya a haber una vacuna no quiere decir que nos podamos quitar las mascarillas -advertía aquel noviembre Ingebor Porcar-. Nos han vendido, y nos lo hemos creído, que el día que haya una vacuna todo estará solucionado, como si fuera un hada con una varita mágica. La situación es muy dura y la gente se agarra a un clavo ardiendo". Otra reflexión válida hoy, sazonada con todos los condimentos obtenidos durante este segundo año covid.

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La mascarilla vino para quedarse. Igual que el virus. Los médicos ya han dicho que, tarde o temprano, toda la humanidad (7.800 millones) pasará el covid-19. Algún día estaremos todos muertos.

El camino sigue siendo largo, muy largo. Mientras tanto esperamos a que llegue la tercera dosis.