LIBERTAD CONDICIONAL

Los hombres que no amaban a las mujeres

No hay tanta diferencia entre un varón de 15 años y otro de 40: a ninguno le gusta que una mujer juegue con un balón

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Jugadoras de fútbol infantil, durante un entreno.

Jugadoras de fútbol infantil, durante un entreno. / JULIO CARBÓ

Era el año 1990, no había internet ni móviles, y los menores no podían entrar en discotecas. Así que, para los adolescentes de la Sierra Noroeste, los veranos tenían dos grandes acontecimientos sociales: la piscina y la liguilla de fútbol.

La liguilla de fútbol se jugaba entre equipos de urbanizaciones de El Escorial, Cercedilla, El Espinar, El Tiemblo, Villaba y Robledo de Chavela, y duraba todo el verano.

Durante años, el equipo de Prado Real había sido el campeón imbatible, y el de Parque Real, el perdedor innegable, el que iba siempre a la cola. Era aquella una verdad incontestable, tan flagrante como que en la verbena de Miraflores del 15 de agosto siempre se ligaba.

Entonces llegó a Prado Real una chica. Resultó que Marina, que así se llamaba, había ganado una medalla de plata en el campeonato alevín femenino de la Comunidad de Madrid. Corría como un gamo, hacía unas fintas rápidas y sencillas y cualquiera diría que tenía en las zapatillas un imán que atraía al balcón. Era una excelente jugadora, y de eso se daban cuenta hasta las chicas de la urba, que no tenían ni idea de fútbol y que solo iban a ver la liguilla porque el capitán del equipo era José Luis Romero, un chico rubio de ojos azules que tenía embobadas no solo a todas las adolescentes de Prado Real sino, probablemente, de todo San Lorenzo.

La liguilla duraba todo el verano. Constaba en inicio de 17 jornadas. Normalmente, Prado Real caía en el primer o segundo partido. Pero, para sorpresa de toda la sierra, el equipo se fue clasificando y siguió resistiendo en el repechaje, luego en los duelos de ida y vuelta, después en los cuartos de final, y más tarde en las semifinales: todo julio y todo agosto.

Casi nadie se podía creer que Prado Real hubiera llegado a la gran final y que fuera a disputarse el título de campeón de la liguilla . Tampoco a casi nadie le cabía duda de que, si lo estaban consiguiendo, era sobre todo gracias a su fichaje estrella, a Marina.

Marina lo tenía todo para ser una gran jugadora: decidía bien, daba los pases cuando convenía, manejaba el ritmo, sabía correr la cancha y, sobre todo, estaba motivadísima.

Y llegó el día del último partido. El que nadie hubiera esperado que llegara. Prado Real contra Parque Real. Fue un partido disputadísimo y el primer tiempo acabó en empate. Uno a uno. Justo al final del segundo tiempo, José Luis Romero tenía la pelota. Lo suyo era pasársela a Marina, que estaba cerca de la portería y que chutaba mil veces mejor que él. Pero él era el capitán del equipo. Él estaba celosísimo de Marina, él estaba harto de que todo el mundo hablase de UNA CHICA…

Y no le pasó la pelota.

Y perdieron el partido.

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Cuento esto a propósito de las memorias y las declaraciones de Cayetana Álvarez de Toledo, según las cuales Egea le hizo un acoso de libro porque no soportaba que ella brillase más que Casado. Álvarez de Toledo asegura que, más o menos, lo mismo le están haciendo a Ayuso. Y a mí me viene a la cabeza cómo se quitaron de en medio a Soraya Sáenz de Santamaría o la extraña filtración en su día del vídeo de Cristina Cifuentes, que sonaba más a fuego amigo que a otra cosa.

Después pienso en cómo Sánchez ha eliminado del tablero a Carmen Calvo, y a figuras de peso como Amelia Valcárcel, Alicia Miyares, Ángeles Álvarez y tantas otras. Y me parece que no hay tanta diferencia entre un niño de 15 años y otro de 40: a ninguno le gusta que una mujer juegue con un balón.