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Dos mujeres

Concita de Gregorio Borràs no conoció a Margarita Rivière, la periodista en cuyo nombre se instauró el premio con el que acaba de ser galardonada, pero siguiendo sus artículos en ‘La Repubblica’ se detecta una clara sintonía progresista

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La periodista Concita de Gregorio.

La periodista Concita de Gregorio. / ALEX BELLART

“El problema acuciante que tenemos ante nosotros es que, por obra y gracia de la nueva realidad virtual, confundimos el arte con el negocio, el futbol con la religión, la prensa del corazón con la sensibilidad, la vida con un culebrón, y a los vendedores de crecepelo con Dios”. Esta sarcástica descripción tan actual que podría hacer cualquier analista acerca de Meta, el nuevo proyecto de Mark Zuckerberg, es de 1998, está en el libro ‘Crónicas virtuales’ y la escribió Margarita Rivière.

Fue una de las primeras mujeres periodistas de España. Y para que se entendiera cómo encontró la profesión en los años 60, entre risas y lamentos le gustaba recordar que en las redacciones ni siquiera había baños para ellas. Practicante de un feminismo convencido que nunca abandonó, en el 2000 dejó escrito que “a la vista de la nueva realidad que amanece y del programa de las mujeres, el nuevo y gran reto del siglo XXI son los hombres. Hombres sin papel, hombres enfermos de sí mismos, hombres en proceso de cambio que se resistirán a asumir los nuevos tiempos que se avecinan”. Aquellos tiempos son hoy y Margarita, tristemente, no puede celebrar su visión de futuro apuntada en miles de entrevistas, artículos, reportajes y libros. Nos dejó hace 6 años, aunque su recuerdo permanece. La familia avaló un premio con su nombre para reconocer la excelencia periodística con visión de género. El miércoles lo recibió Concita de Gregorio Borrás (Pisa, 19 de noviembre de 1963).

Hija de catalana y toscano, la periodista y politóloga ha sido la única mujer directora del diario ‘l’Unità’ entre 2008 y 2011. El cargo la llevó a revelarse contra la actitud de sus compañeros que creían que el nombramiento era un error del sistema. No por sus méritos. Que el rotativo lo hubiera fundado Antonio Gramsci en 1924 no evitó  la protesta del comité de empresa porque, como decía Teresa Pàmies, el comunismo no está exento de machismo. El tipo de críticas que le lanzaron marca la distancia entre géneros por su vulgaridad, los ataques a la vida privada o las sospechas horizontales: qué habrá hecho y con quién para volar tan alto. Por esto De Gregorio lamenta que sus vivencias no le permitan decir que no hay diferencias, como le gustaría.  

Concita no conoció a Margarita, pero siguiendo sus artículos en ‘La Repubblica’ se detecta una clara sintonía progresista cuando apunta que “son los hombres quienes deben ponerse las pilas” en un país, Italia, donde el sexismo sigue a la orden del día y la violencia contra las mujeres se ha convertido en un problema social enorme.

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Con estas credenciales no pueden extrañar sus contenciosos con Silvio Berlusconi, que le interpuso tres querellas que el primer ministro pretendía multimillonarias. Pero la justicia siempre dio la razón a quien simplemente exponía lo que sucedía. La constante corrupción económica y moral de quien “acostumbrado a tener mujeres con facilidad, le volvía loco que yo, una mujer, estuviera en su contra y le causara problemas”. 

Interesada en la política catalana, el aciago 1 de octubre Concita De Gregorio acompañó a votar a Carles Puigdemont. Preocupados por la violencia policial regresaron juntos a Barcelona en el coche oficial. Sigue sorprendida deque la respuesta más frecuente del ‘president’ a las llamadas telefónicas fuera “no lo sé”.