En clave europea

Bulgaria apuesta por el cambio

El voto en las elecciones búlgaras representa una desautorización ciudadana a la política de la Comisión Europea de respaldar durante más de una década al exprimer ministro Borisov, pese a la corrupción y el deterioro democrático

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El primer ministro búlgaro, Boiko Borisov.

El primer ministro búlgaro, Boiko Borisov. / -/European Council/dpa (europa press)

La doble derrota del exprimer ministro búlgaro Boiko Borisov y del conservador GERB del Partido Popular Europeo en las elecciones legislativas y presidenciales del 14 de noviembre indica el deseo de cambio en el país más pobre de la Unión Europea (UE). El Gobierno casi continuado de Borisov desde 2009 se ha distinguido por el deterioro democrático, el control de la prensa, la connivencia con la corrupción, el saqueo de los fondos europeos, las escuchas a la oposición y la normalización de la ultraderecha en el Ejecutivo.

Bulgaria comparte con Hungría y Rumanía el puesto 69 de180 del ranking mundial del Índice de Corrupción 2020 del Transparency International, situándose incluso por detrás de Bielorrusia (puesto 63). La economía sumergida en Bulgaria equivale al 37,8% de su producto interior bruto (PIB), estima el Fondo Monetario Internacional, y la corrupción cuesta al país el 22% de su PIB. Bajo Borisov, Bulgaria ha caído del puesto 59 en 2008 en el Índice de Libertad de Prensa Mundial al 112 en 2021. Bulgaria está catalogada sólo como “democracia semiconsolidada” por la organización norteamericana Freedom Housey sus informes detallan la corrupción judicial y la influencia de los oligarcas en las decisiones gubernamentalesy en el control del voto al nivel local.

El Gobierno técnico de gestión, nombrado por el presidente Rumen Radevy que ha dirigido el país desde mayo tras los resultados inconclusos de las elecciones legislativas de abril y julio de este año, ha mostrado que podía gobernarse de otra manera. El nuevo partido anticorrupción Continuamos el Cambio, fundado en septiembre por los hasta entonces ministros de Economía y de Finanzas del Gobierno de gestión Kiril Petkov y Asen Vasilev, ganó las elecciones del 14 de noviembre con el 25,3% de los votos, por delante del 22,4% de los populares de Borisov.

Coalición anticorrupción

Los otros dos partidos opuestos a Borisov –la alianza centrista Bulgaria Democrática y la socialista Coalición para Bulgaria– lograron el 6,3% y el 10% de los votos respectivamente. El populista conservador Existe Tal Pueblo del cantante Slavi Trifonov (9,4%) podría sumarse a un Gobierno de coalición anticorrupción, aunque es imprevisible. Los dos partidos restantes –el ultraderechista Renacimiento (4,8%)y el Movimiento por los Derechos y Libertades (12,8 %) de la minoría turca y asociado al oligarca DelyanPeevski– parecen descartados de una coalición reformista.

En la elección presidencial, Radev, que durante su mandato se había enfrentado al Gobierno a causa de la corrupción y el deterioro democrático, logró el 49,4% de los votos, frente al 22,8% del candidato de los populares de Borisov. Pero deberá ir a la segunda vuelta el 21 de noviembre debido al bajo nivel de participación(38,6% de electorado).

El voto por el cambio representa una desautorización ciudadana a la política de la Comisión Europea y los democristianos alemanes de la cancilleraAngela Merkel de respaldar aBorisov, a pesar de la acumulación de escándalos y del deterioro democrático, porque es un miembro fiel del Partido Popular Europeo. El último informe de la Comisión Europea del mecanismo de vigilancia de Bulgaria de 2019 concluyó que los progresos eran “suficientes” para cumplir los compromisosde la adhesión en 2007 y dio por terminado la tutela, pese a que la realidad indicaba lo contrario, incluida la venta masiva de miles de pasaportes búlgaros (y por tanto de la UE) por 5.000 euros a extranjeros, oligarcas y mafiosos.

Las sanciones adoptadas por Estados Unidos el 2 de junio contra los oligarcas búlgaros Vassil Bojkov y DelyanPeevski, el exdirectivo de los servicios de inteligencia Ilko Zhelyazkov, tres excargos públicos y un entramado de 64 compañías por “corrupción” y “socavar las instituciones democráticas” dejó en evidencia a la UE por su pasividad. En el Parlamento Europeo, bajo la presión de las preguntas del eurodiputado Juan Fernando López Aguilar, la Comisión Europea se vio obligada a reconocer el 16 de septiembre por primera vez que no había hecho bien su trabajo en Bulgaria.

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El eurodiputado alemán Daniel Freund (Verdes), tras visitar Bulgaria, criticó que la Comisión Europea de Ursula von der Leyen y el Gobierno alemán habían seguido protegiendo a Borisov este año y que no habían atendido las peticiones de ayuda del Gobierno de gestión búlgaro y de envío de expertos en la lucha contra la corrupción para no perjudicar las expectativas electorales de Borisov. Sólo Holanda respondió a la petición de ayuda.

 

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