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La batalla de Barcelona

Maragall vota contra Colau y la alcaldesa y Collboni le paran los pies recurriendo de nuevo a los apoyos a la investidura de 2019

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Ada Colau, en un pleno municipal

Ada Colau, en un pleno municipal / Joan Mateu Parra

Falta bastante para las elecciones municipales de 2023, pero la batalla de Barcelona ya está abierta. Hace días que hay fronda contra Ada Colau, acusada de ser la Barcelona del no, mientras sus partidarios resaltan su papel contra el cambio climático en la cumbre de Glasgow.

El ambiente se vivió el miércoles en la Comisión municipal de Economía que dio la primera luz verde a los presupuestos de 2022 por una muy estrecha mayoría de 21 votos a 20. La gran novedad fue que ERC, que los últimos años apoyaba los presupuestos, decidió votar contra los de este año, que suman 3.406 millones, los más altos de la historia. Así, Colau, que tiene solo el apoyo de 18 concejales (10 comunes y 8 del PSC), sería derrotada si la oposición (ERC, JxCat y la derecha), votaba en contra.

No fue así porque Colau volvió a lograr el apoyo no solo de la coalición de gobierno, sino también de los tres concejales de Barcelona pel Canvi, que ahora dirige Eva Parera, la antigua lista de Manuel Valls que ya sorprendió en 2019 votando, ante la incredulidad general y cierto embarazo de los comunes, la investidura de Colau.

¿Por qué ERC ha optado por pasar de aliada de Colau los últimos años a votar ahora contra ella? La razón puede estar en las encuestas que dan a Ernest Maragall como favorito, pero a muy poca distancia de Colau y a no mucha de Collboni. Derrotando a Colau (y a Collboni) en la votación más importante del año, Maragall podía encarnar el futuro frente al pasado.

No ha sido así porque se ha resucitado el pacto de 2019. Entonces, el PSC le planteó a Valls que la única forma de evitar que ERC, la lista más votada, tuviera la alcaldía era sumar sus tres concejales a los ocho socialistas y los 10 comunes. Y Valls prefirió que Colau fuera alcaldesa a que el independentismo mandara en las dos grandes instituciones catalanas: la Generalitat, con Torra, y el ayuntamiento barcelonés. Ahora Collboni, Jordi Martí, el concejal pragmático de Colau, y Eva Parera, la heredera de Valls, han resucitado aquella suma.

Colau se ha salvado así de una humillante derrota que la habría dejado muy tocada para la última parte de su segundo mandato municipal. A Ernest Maragall no le ha salido la apuesta por las mismas razones –exceso de confianza– que no logró la alcaldía en 2019. Y es raro que votara contra Colau el mismo día que Pere Aragonès se abría a Jéssica Albiach para los presupuestos de la Generalitat. Pero Maragall podrá decir que Colau, que dice estar a su izquierda, le ha vuelto a ganar con el apoyo de “la derecha españolista”, como en 2019. A las bases comunes no les gusta.

Eva Parera consigue notoriedad, que falta le hará si quiere encabezar una lista de centro-derecha no nacionalista, y podrá definirse como el sí a Barcelona, sin prejuicios ideológicos, frente al no a los presupuestos del separatismo y la derecha convencional (C’s y PP). A seguir a esta política, en otro tiempo próxima a Duran Lleida.

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Por último, Collboni ha vuelto a demostrar que el PSC –sin la alcaldía desde Jordi Hereu– sigue con la llave del gobierno municipal y tiene cintura para pactar. Collboni ha condicionado a Colau (¿cuánto?) y evitado el mando independentista en el ayuntamiento. Pero su gran problema de cara a las elecciones será ser creíble como alternativa a Colau tras haber sido su sostén.

Maragall y Collboni han empezado ya –aunque faltan muchos meses– un duro duelo por la alcaldía. Colau ya es alcaldesa, pero todavía no ha dicho si está dispuesta a repetir como candidata por tercera vez.