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“¿Qué más tiene que pasar?”

Austria y Alemania quieren “encerrar” a la población no vacunada, más alta que en España, para frenar la nueva ola de coronavirus

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Un policía austriaco comprueba el certificado covid de un ciudadano.

Un policía austriaco comprueba el certificado covid de un ciudadano. / GERT EGGENBERGER/APA

Austria, con un gobierno de coalición de conservadores y verdes, ha decidido “encerrar” a la población no vacunada, que solo podrá salir de casa para trabajar (con prueba negativa de coronavirus), ir al médico o comprar en tiendas esenciales. La razón es el rebrote de los contagios. Los casos superan los 800 por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días y afectan muy especialmente a los no vacunados.

El canciller Alexander Schallenberg ha dicho que la medida, que afectará a más de dos de los 8,9 millones de habitantes, era necesaria porque “el porcentaje de vacunados es vergonzosamente bajo (un 65%), y sin subirlo no podremos salir de este círculo vicioso”. Y el ministro del Interior fue “persuasivo”: “Desde este lunes todo el mundo que viva en Austria debe saber que puede ser controlado por la policía en cualquier momento”.

En Alemania, donde la infección alcanza ya los 300 casos por 100.000 habitantes en los últimos 14 días (el 90%, no vacunados) y el Gobierno está en funciones, se preparan medidas similares. La primera, prohibir el uso de todo el transporte público a los no vacunados. Christian Lindner, presidente del partido liberal y muy probable nuevo ministro de Hacienda del próximo gobierno, ha expresado sin complejos la nueva estrategia de acorralar a los no vacunados: “Los que ya han sido vacunados podrán seguir teniendo una vida social normal, cualquier otra cosa sería un remedio desproporcionado”. Y el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, el presidente alemán, remachó el mensaje diciendo a los todavía no vacunados que estaban poniendo en riesgo no solo su salud, sino la de toda la población: “¿Qué más tiene que pasar para que se decidan a vacunarse?”

Y no es solo la salud. La Comisión Europea ha bajado la previsión de crecimiento de la zona euro del 2,3% (2% en España) en el tercer trimestre al 0,8% en el cuarto. La razón está en los cuellos de botella de los suministros y en el repunte de la inflación, pero si el rebrote del coronavirus afecta a las campañas de Navidad en los países del centro de Europa (Alemania, Austria, Holanda) el retroceso podría ser mayor.

Las autoridades sanitarias de estos países están convencidas de que el rebrote se debe principalmente a que tienen una tasa de vacunación relativamente baja (el 67% en Alemania, el 65% en Austria), y que el aumento del número de vacunados frenaría la pandemia. Pero en estos países hay una parte de la población –jaleada principalmente por la extrema derecha– que no solo es contraria a las vacunas, sino que protesta con cierta virulencia contra las medidas de prevención.

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Si esto es así, la nueva ola de coronavirus debería afectar bastante menos a España, aunque las infecciones han aumentado en el País Vasco, que ha alcanzado ya la cota de 150 casos por 100.000 habitantes, y donde se preparan algunas medidas restrictivas. La razón fundamental es que España tiene una tasa de vacunación muy alta, del 89%, que es más de 20 puntos superior a la de Austria y Alemania.

En los últimos días hay en España un lógico clima de pesimismo porque el rebote económico está siendo menor al esperado y la inflación se ha disparado. Es preocupante, pero justo es reconocer que la campaña de vacunación ha sido un notable éxito que es mérito de todos los gobiernos, del central y de los autonómicos, y de una actitud de la población de confianza en la ciencia y la medicina. Por eso algunos países del sur (España, Italia) estamos hoy mejor que los centroeuropeos ante la nueva ola del coronavirus.