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Filosofía y mentiras

La filosofía vive una paradoja: grandes empresas de todo el mundo, empezando por las hipermodernas de Silicon Valley, se pelean por fichar a filósofos; pero la asignatura pierde peso en nuestro currículo escolar

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FRIEDRICH NIETZSCHE

FRIEDRICH NIETZSCHE / DANNY CAMINAL

No voy a utilizar su apellido por respeto y porque tampoco resulta imprescindible. Le llamábamos El Pulga; era un hermano de La Salle que no destacaba precisamente por su elevada estatura; digamos que lo hubiera tenido crudo en la NBA. Los motes pueden ser crueles, pero no engañan. Él fue mi primer contacto con la filosofía; con la historia de la filosofía, para ser más exactos, dado que en el paleolítico -o sea, cuando yo estudiaba- cotizaban al alza las citas de Sócrates, Heráclito o Epicuro, también sus datos biográficos. Pero las dudas éticas aplicadas a la vida real, las preguntas sobre la existencia, la moral o la religión, no formaban parte del paisaje. España aún olía a Franco. 

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Varias décadas después, y tras un avance propiciado en gran parte por el coraje y la pasión de quienes la difunden, la filosofía vive una paradoja: grandes empresas de todo el mundo, empezando por las hipermodernas de Silicon Valley, se pelean por fichar a filósofos; pero la asignatura pierde peso en nuestro currículo escolar. No me extraña que enseñantes de todo el país hayan puesto el grito en el cielo y convoquen actos reivindicativos, coincidiendo con el Día Mundial de la Filosofía. Uno de ellos se llama José Carlos Ruiz. Con muchos tiros pegados como profe de instituto, ahora enseña en la universidad para evitar -dice- “que seamos imbéciles”; y recuerda la etimología de la palabra: “imbécil es el que no tiene bastón”. Autor de 'Filosofía contra el desánimo', este cordobés que tampoco podría ser confundido con Gasol, clama por un cultivo más audaz del pensamiento crítico, que nos permita transitar por esta vida apresurada, por el imperio de la fugacidad. José Carlos está que trina con el flagrante incumplimiento del compromiso que habían adquirido todos los partidos para que la filosofía tuviera un itinerario docente de tres años, como mínimo. Entiendo su cabreo. Pero habrá que recordarle lo que dijo Nietzsche: “mentir ya no es algo que pertenezca a la moralidad, se ha convertido en desviación consciente de la realidad”. Pues eso: mentirosos. E imbéciles.

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