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Tomás Fuentes e Ignasi Taltavull, con Marc Giró, en ’La Ruina’.

Tomás Fuentes e Ignasi Taltavull, con Marc Giró, en ’La Ruina’. / CAPTURA VIDEO

Una chica dice que en su casa había un mono alcohólico que sobrevivió 20 años. Solo tenía miedo del padre, y un día que el hombre había salido, el mono las tuvo a ella y a su madre aterrorizadas, tirándoles cosas, hasta que se les ocurrió la idea de llevar una botella de alcohol al baño: el mono salió pitando a bebérsela y así lograron encerrarlo.

Otra chica narra cómo el ginecólogo, en su primera visita, le metió el dedo en el culo, y una tercera que, haciendo escalada en el peñón de Ifach, tuvo un urgencia que la obligó a parar a media subida a hacer caca en un repecho, colgada de la cuerda. Para que no se encontraran el producto los que venían detrás, lo agarró con dos piedras y lo tiró al vacío, con tanta suerte que el proyectil cayó encima de una gaviota que pasaba volando. Pero, ay, no se había dado cuenta de que sus manos estaban sucias, y con ellas se anduvo tocando la cara.

Público muerto de risa

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También escuchamos a un joven profesor de catalán que dice que estaba borracho y volcó una moto delante de la policía, sin motivo alguno, y luego explica tan contento cómo se libró en el juicio. Y otro, que como estaba muy triste porque lo dejó su novia, se metió el dildo que esta se había dejado en casa por el culo, cosas de la nostalgia. Y otro cuenta que se escondió en su habitación, tras elaborar un plan minucioso, para masturbarse oyendo los sonidos amatorios de su compañero de piso, que se reunía con una exnovia, pero terminó pajeándose con el sonido de las cañerías, que había confundido con aquello.

En fin: todo esto lo cuentan estas personas ante un público muerto de risa e incomodidad, y sabiendo además que lo van a emitir en un programa de éxito: es 'La Ruina', un 'podcast' que también se puede ver también en Youtube, obra de los humoristas Tomás Fuentes e Ignasi Taltavull. 'La Ruina' es en cierto modo un contenido revolucionario: abre una válvula de escape a la presión de nuestra época, que es quedar bien en Instagram, mostrarse virtuoso en Twitter, fingir, en general, que uno vive siempre respetando los márgenes de la Constitución. A 'La Ruina' se va a destapar la imperfección, la mezquindad, incluso el delito. Allí la gente cuenta cosas que uno suele callarse ante sus amigos, incluso. Motivos de escarnio social que, en una ceremonia de risa, quedan desactivados y se convierten en un material valioso: la prueba de que no somos tan buenos, ni tan dignos, ni tan intensos. La prueba de que somos humanos.