LIBERTAD CONDICIONAL

A propósito de Lardero

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El detenido, este domingo antes de pasar a disposición judicial. EFE/Javier Belver

El detenido, este domingo antes de pasar a disposición judicial. EFE/Javier Belver

"La prisión permanente revisable es proporcionada y compatible con la reinserción", dice el Tribunal Constitucional, que está a un paso de meter en el ordenamiento jurídico la pena de muerte con los mismos argumentos. "Son más de derechas que el grifo del agua fría", afirma Carlos Sánchez Mato, concejal del Ayuntamiento de Madrid.

En la misma línea se posiciona Joaquín Urías, exletrado del Tribunal Constitucional, cuando escribe que "todo el mundo es reinsertable; o tratable, si está enfermo".

Y esta idea bebe en realidad, aunque ellos no lo sepan, del catolicismo. Para los católicos todo pecador es redimible. Incluso si usted fuera un genocida bastaría que en su lecho de muerte hiciera acto de contrición y reconociera sus pecados, para que entrara en estado de gracia y Jesús le acogiera en su seno.

La perspectiva humanista de la psicología es laica, pero tiene ese mismo fondo: todo criminal es reinsertable. Para los humanistas es la motivación la que crea el guion de vida de las personas que cometen delitos. Nada de lo que a una persona le sucede ocurre aislado del resto de su vida; en cada acto de una persona está contenida su vida entera. Por lo tanto, si cambiamos su motivación, cambiamos su guion de vida y cambiamos su comportamiento.

Si hace cuatro años alguien me hubiera preguntado, quizá yo también me hubiera posicionado claramente en contra de la prisión permanente revisable, y con los mismos argumentos. Pero han pasado cuatro años y, entretanto, yo he estudiado Psicología. Y he leído mucho sobre comportamiento criminal.

Y es aquí cuando gran parte de la criminología se pega de bofetadas con los católicos, los juristas y los humanistas. Muchos criminólogos creen que hay criminales no reinsertables. El catedrático Vicente Garrido, por ejemplo, sostiene que "muchos delincuentes sexuales se curan, pero los psicópatas sexuales, en su inmensa mayoría, no".

La gran mayoría de los criminólogos le dirán que un predador sexual con un diagnóstico en el que se mezcle la tríada oscura de rasgos (narcisistas, maquiavélicos y psicopáticos) y, más en concreto, un violador o pederasta múltiple con un diagnóstico de psicopatía, tiene poca o ninguna posibilidad de reinserción.

En este sentido, una prisión permanente revisable no tiene por objeto disuadir a nadie de cometer el crimen, ya que está demostrado que elevar las penas no disuade de cometer delitos. La función de la pena no es disuadir sino apartar a personas muy peligrosas de la sociedad.

 ¿Estamos volviendo al positivismo del siglo XVIII, que creía que hay gente peligrosa por naturaleza? ¿A las ideas de Cesare Lombroso, que creía en el criminal nato? No. Yo diría que el criminal se hace, por una mezcla de factores genéticos y ambientales. Pero que, en algunos casos, una vez hecho el criminal, no hay forma de deshacerlo.

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Y he escrito estas líneas no solo a propósito del caso de Lardero, en el que un violador y asesino volvió a asesinar en cuanto salió de la cárcel, y esta vez a un niño de 9 años, sino porque dentro de un año Joaquín Ferrándiz Ventura, que asesinó a cinco mujeres y violó no sé sabe bien a cuántas, saldrá de prisión sin haber asistido a programas de rehabilitación y reinserción social. Tendrá 57 años, dos más que yo. Yo todavía hago ejercicio, todavía tengo vida sexual y todavía creo que me queda mucha vida por vivir. Supongo que a él también.

Como en tantos artículos, les dejo a ustedes que saquen sus propias conclusiones.