Agresiones sexuales Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Si nada cambia nos seguirán violando

¿Qué juicio esperará a la joven de Igualada? Le ha fallado todo el sistema y debería reconocerse. Volvemos a lo siempre: ni se escucha ni se aprende

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Concentración de rechazo a la violación cometida el jueves de madrugada en Lleida.

Concentración de rechazo a la violación cometida el jueves de madrugada en Lleida. / Jordi V. Pou

Una parte de la sociedad se llevaba las manos a la cabeza con la violación a la niña de 16 años en Igualada. Como si fuera algo excepcional, cuando no lo es. Todos los días, cada cuatro horas, hay una denuncia por violación en este país, según los datos del Ministerio de Interior. Entre enero y septiembre se han denunciado un 30% más de agresiones sexuales respecto del mismo periodo de 2020.

¿Ocurre alguna repercusión con todas esas violaciones? Más allá de la noticia, de pasada, dentro de la crónica de sucesos, nada. Ocurre como con las asesinadas machistas o la violencia vicaria. A veces queda la sensación de que tienen que violarnos o asesinarnos de la forma más cruenta posible para que haya una mínima reacción social. Eso también es cultura de la violación.

Todos los días hay agresiones que no se llegan a denunciar. Y no surgen de manera fortuita, sino porque detrás hay todo un sistema que aún no está a la altura. Cuando sucedió el caso de 'la Manada', se decía que de todo esto los jóvenes aprenderían. ¿El qué? ¿Aprender de un juez que vio jolgorio en una violación? ¿Que si eres violada el sistema no está pensado para ti? ¿Aprender qué de una sociedad que creó un club de fans de El Prenda? 

Después vinieron más violaciones. Los casos en Manresa o Sabadell, donde el fiscal acorraló a la víctima en el juicio. Estos días el goteo de violencia machista no para: un hombre golpeó y tiró a una mujer desde las murallas de Lugo, otro amenazó y dañó a su expareja con una catana, otro en Alicante clavó a su ex un punzón en el pecho aún con orden de alejamiento, otro abusó de su sobrina menor en Santander... ¿Se ha convocado alguna reunión extraordinaria? No. Nuestros asesinatos y violaciones están normalizados. Es como un "no se puede hacer más".

¿Escuchamos a las víctimas de violencia machista con la misma atención y compromiso como a las víctimas de terrorismo? No. Víctimas que, además de recuperarse físicamente, deben afrontar una recuperación psicológica muy lenta contra un sistema que no las entiende. ¿Qué juicio esperará a esta joven de Igualada? Le ha fallado todo el sistema y debería reconocerse. Víctimas que luego refieren la poca empatía sentida en parte del proceso, viendo cómo a veces una parte del sistema protege a sus propios agresores y las hacen sentir, a ellas, culpables.

"¿Cómo estos tipos se han ensañado con esta joven, con desgarros vaginales y anales?", me preguntaban ayer. Y aquí volvemos a lo siempre: que ni se escucha ni se aprende. Claro que pueden hacer eso y más porque lo ven en el porno y porque los puteros provocan también desgarros a víctimas de trata obligadas a ser explotadas. A diario. Eso aprenden. 

Que el problema no está ni en el comportamiento de ella, ni en la bebida, ni en la discoteca. Que no violan por sexo puro. Violan por poder. Disfrutan viendo que pueden hacer con nosotras lo que quieran. Violan no porque su biología los descontrolen. Violan porque han sido educados bajo una deshumanización absoluta hacia la mujer, cuyo cuerpo pasa a ser un objeto que machacar. Y no me refiero a la educación solo sus padres o en su colegio. No. Todo suma: los chistes misóginos, la pornografía como ocio que se ríen y disfrutan viéndola (incluso desde los 8 años), hablar de irse de putas como diversión, los bulos machistas alimentados desde la política o la falta de compromiso para afrontar esto con contundencia.  

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¿Alguien entiende que lo que ocurre detrás de toda esta violencia son delitos y una vulneración directa de los derechos de las mujeres? Violaciones como las de Igualada y otras seguirán sucediendo. Hoy, también. Quizás, incluso ahora mismo, mientras leen este artículo. ¿Y saben por qué? Porque ya hemos repetido sin cesar que es un problema educativo y ahí no se actúa. Esto es la sensación continua de gritar en mitad del desierto o de hablar con la pared. Y ese compromiso a largo plazo nunca nos llega. Si no nos escuchan ni nada cambia desde la raíz, nos seguirán violando. Que no nos pille de sorpresa, que ya es demasiada hipocresía.