Apunte

Reforma laboral: Derogar y de rogar

Llega el momento en el que en vez de debates semánticos hay que plantear los cambios en la regulación del trabajo

1
Se lee en minutos
Pedro Sánchez, Nadia Calviño y Yolanda Díaz.

Pedro Sánchez, Nadia Calviño y Yolanda Díaz. / EFE / EMILIO NARANJO

Perdonen que recurra de nuevo al diccionario, pero en la polémica de la reforma laboral, más que de contenidos, andamos enfrascados en polémicas semánticas. "Derogar": dejar sin efecto una norma vigente, define el diccionario. Pues parece que no es exactamente eso lo que quiere la vicepresidenta primera y ministra de Economía, Nadia Calviño.

Y, aunque pensábamos lo contrario, tampoco lo defiende ahora la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, porque, asegura, "técnicamente" no es posible. Pues por qué lo decían. El mismo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lo aseguró en su discurso en el último congreso del PSOE.

Veamos. Apartado 1.3 del acuerdo de coalición: "Derogaremos la reforma laboral (...)", aunque luego lo acota a cuestiones como el despido por absentismo por bajas por enfermedad o en lo que respecta a la prioridad del convenio de empresa ante el sectorial.

Noticias relacionadas

Pero en los papeles remitidos a Bruselas, el plan de recuperación, transformación y resiliencia, que es la hoja de ruta de inversiones y reformas para obtener 70.000 millones de Bruselas en tres años, no se menciona el término derogación. Se habla de modernización, actualización... El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, tras participar en el congreso de directivos CEDE en Córdoba, se encargó de recordarlo, a la vez que criticó la guerra de filtraciones, cuando a los agentes sociales apenas se les entregan propuestas detalladas.

Mal vamos con tanto ruido y guerras internas a pesar de la escenificación de la paz que protagonizaron al comenzar la semana Sánchez, Calviño y Diaz, con encuentro previo del primero con la tercera. En esencia están de acuerdo en lo que pactaron. Poco más. Todo el mundo sabe que el diablo está en los detalles. Y esos no los conocemos aún, pese a que hay aprobar la reforma y remitirla a Bruselas antes de que acabe el año. De ello dependen 12.000 millones. Por eso Calviño prepara una nueva propuesta. Es la hora de dejar la semántica y plantear cuál es el plan. No se hagan de rogar.