Secuelas Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El efecto dominó de la pandemia

Una disrupción de varios meses en los programas de detección precoz implica un aumento de la mortalidad por cáncer de mama

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Una mujer se somete a una mamografía.

Una mujer se somete a una mamografía. / REUTERS/ ERIC GAILLARD

Cuando parece que las vacunas nos han salvado (al menos por el momento) de padecer la siguiente (¿sería ya la séptima?) oleada de la pandemia del covid-19, se empiezan a vislumbrar algunos efectos y daños colaterales sobre la salud que se materializarán en toda su crueldad en los próximos meses y años. 

Entre los que, seguramente, serán más graves y más visibles, están los relacionados con el diagnóstico precoz de cáncer y con la mortalidad provocada por esa enfermedad. En el Cancer Global Modelling Consortium se han creado varios grupos de trabajo para investigar esos efectos y uno de ellos se centra en el impacto de la covid-19 sobre la detección, el tratamiento y la mortalidad del cáncer de mama. La razón de centrarse en este tipo de cáncer es que es el más diagnosticado en todo el mundo, con un total de 2,3 millones de casos cada año. En consecuencia, la afectación sobre la población, así como los costes para el sistema sanitario derivados de dicha enfermedad, son enormes. 

Hay que saber que, con el objetivo de detectar el cáncer de mama cuanto antes y obtener un diagnóstico lo más temprano posible ―lo que se traduce en el aumento de la probabilidad de supervivencia―, muchos de los países desarrollados tienen programas de cribado de la población con ciertos factores de riesgo de desarrollar cáncer de mama. Lo cierto es que algunos de los estudios que evalúan el resultado de esos programas de detección precoz apuntan a importantes efectos positivos, como, por ejemplo, reducir el 20 % de la mortalidad de las mujeres que están sujetas a tales programas de cribado.

La pandemia ha aumentado la presión sobre el sistema sanitario hasta límites nunca antes alcanzados. Los recursos disponibles, tanto en personal sanitario como en capacidad asistencial, se han centrado en los pacientes covid y las visitas y operaciones de otras patologías se tuvieron que posponer durante los primeros meses de la pandemia. Este efecto “colapso” también tuvo una incidencia en los programas de cribado y detección precoz.

En un estudio reciente liderado por algunos de los investigadores del Cancer Global Modelling Consortium se presenta un ejercicio de modelización para estimar en seis países desarrollados el efecto que causó la interrupción de los programas de detección precoz de cáncer de mama. En concreto, se buscó saber el efecto en la probabilidad de detectar dicha enfermedad; también, la variación que había que hacer hacia un tratamiento más agresivo por el retraso en el diagnóstico; por último, se estimó la mortalidad asociada a la interrupción de los programas de cribado. Como es obvio, conocer qué pasa cuando esos programas no se llevan a cabo es muy importante para calibrar el esfuerzo que se hará para restaurarlos. 

Los países analizados han sido Canadá, Países Bajos, Alemania, Italia, Reino Unido y Australia, donde los programas de cribado del cáncer de mama se detuvieron por completo durante un periodo de entre uno y seis meses al inicio de la pandemia. Obviamente, los efectos de la interrupción dependen del tipo de cribado y de la cantidad de acciones que se estuvieran desarrollando en cada país antes de la pandemia. No obstante, hay una tendencia general e indiscutible de los resultados a ser bastante negativos. 

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El ejercicio de modelización muestra como, por ejemplo, en Italia, la suspensión de tres meses en los programas de cribado del cáncer de mama provocará que se diagnostiquen 10.000 casos menos. Si la suspensión se mantiene durante seis meses, los diagnósticos perdidos ascienden a 16.000. En el caso del Reino Unido, una disrupción de tres meses en los programas de detección precoz implicará un aumento de la mortalidad por este tipo de cáncer del 6,3%, que aumentará al 22,3% si la suspensión dura seis meses.     

Estos números, aunque sean estimaciones basadas en modelos matemáticos, son escalofriantes y lo bastante contundentes como para resaltar la importancia de mantener el alcance de ese tipo de programas. Seguramente los esfuerzos de detección se han multiplicado tras superar la fase inicial de la pandemia, pero las secuelas, por desgracia, se van a notar, y mucho, en los próximos meses.