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Papanatismo

Ignorar sistemáticamente las propuestas de Vox en el Parlament puede acabar dando alas a la extrema derecha

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 El líder de Vox en el Parlament, Ignacio Garriga.

 El líder de Vox en el Parlament, Ignacio Garriga. / EFE/Alberto Estévez POOL

Esta semana, el pleno del Parlamento ha votado una moción presentada por Vox resultado de una interpelación al Gobierno en materia de seguridad. En ella se contemplan una serie de medidas encaminadas a promover la seguridad en Catalunya, muchas de las cuales seguro que son compartidas por algunos grupos de la oposición e incluso por miembros del propio Govern. Sucede que, como consecuencia del acuerdo “por un Parlamento comprometido con la democracia, los derechos y la diversidad” suscrito al inicio de la legislatura por parte de todos los grupos parlamentarios con el objetivo de ignorar a Vox como muestra de disconformidad con sus principios políticos y de minimizar al máximo su presencia institucional, se comprometieron a “no suscribir ninguna iniciativa parlamentaria conjunta con estas formaciones (en referencia a la extrema derecha) y evitar que prosperen sus iniciativas”, y por tanto la moción de Vox fue rechazada por todos los grupos

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Se puede argumentar que la moción es oportunista, como los son todas las mociones parlamentarias, ya que los grupos políticos las utilizan para exhibir sus prioridades y señalar las debilidades del gobierno. Y se puede discutir cuál es la mejor estrategia para combatir a la extrema derecha. Pero que el Parlamento vote en contra, entre otras cosas, de que la Conselleria d’Interior “ponga todos los medios a su alcance para luchar contra el islamismo radical o yihadismo integrista, promueva la expulsión de salafistas y combata matrimonios forzosos de niñas menores de edad” solo evidencia el papanatismo de parte de nuestra clase política. En primer lugar, porque este un problema que asola occidente –Francia, sin ir más lejos, acaba de anunciar el cierre de una mezquita por justificar la yihad– y que en Catalunya conocemos bien tras sufrir las trágicas consecuencias de las acciones del imán de Ripoll. Pero, sobre todo, porque eludir los problemas no va a hacer que desaparezcan y se corre el riesgo de que ignorándolos se traslade a la opinión pública que solo los ignorados se preocupan de ellos. Porque eso sí que es darle alas a la extrema derecha.

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