ANÁLISIS

Barça, señales del fin del mundo

2
Se lee en minutos
Ronald Koeman, durante el partido entre el Rayo Vallecano y el Barça.

Ronald Koeman, durante el partido entre el Rayo Vallecano y el Barça. / AFP7

Que el FC Barcelona pierda un partido en el Camp Nou contra el Real Madrid y buena parte de la parroquia azulgrana salga del estadio con las manos en los bolsillos y cara de aquí no ha pasado nada (a los cuatro majaderos que zarandearon el coche de Ronald Koeman hay que darles de comer aparte; alfalfa, preferiblemente) debe de ser una señal inequívoca de que el mundo se dirige a un desastre de proporciones bíblicas. Como aquello de los muertos que salen de sus tumbas y los “perros y gatos cohabitando” que decían en ‘Los cazafantasmas’. Ni en los tiempos de Serra Ferrer y Rexach se había llegado a tal nivel de indiferencia y desapego entre la llamada masa social. Si el Barça ya no es ni siquiera capaz de brindar a sus aficionados ese sencillo placer que consiste en fustigarse con saña después de una derrota contra el eterno rival, ¿para qué sirve el Barça?

Pues hoy en día no parece servir para mucho. Desde luego, no para puntuar ante el Rayo Vallecano de Andoni Iraola, un entrenador que sí entiende que su trabajo no consiste en encogerse de hombros y quejarse de lo que tiene sino en sacarle el mejor partido a su plantilla (y ahí anda el recién ascendido equipo madrileño en puestos europeos). Después de ver el encuentro de Vallecas, uno acaba sintiendo añoranza de aquellos días en los que el Barça del Tata Martino ganaba 0 a 4 al Rayo y la culerada montaba un sacramental porque el equipo había perdido la posesión. Y, la verdad, sentir añoranza del Tata Martino es un síntoma pésimo; un paso más en el camino hacia la irrelevancia que el club emprendió hace ya algunos años.

Insostenible

Noticias relacionadas

No hacía falta esperar a la derrota en Vallecas para entender que la situación en Can Barça se ha hecho insostenible. La realidad está llamando a la puerta con sonoros aldabonazos y aquí nadie se molesta en ir a abrir. No lo hace Koeman, que cada vez se parece más a aquel personaje de ‘L’escurçó negre’ del que se decía que sería incapaz de reconocer un plan sutil ni aunque estuviera vestido de purpurina rosa y subido encima de un clavicordio cantando “El plan sutil ha llegado”. Y tampoco lo hace Joan Laporta, que en su afán de ganar tiempo no se sabe muy bien para qué tiene pinta de acabar como Napoleón metido en la bañera y lamentando la pérdida de su imperio.

El Barça se desmorona. Si no ha llegado ya el momento de tomar decisiones, ¿entonces cuándo?