Polémica en TV-3 Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Peyu se sincera

Qué tiempos, cuando se hablaba de «humor catalán» para diferenciarlo del español, al que se tenía por casposo y paleto. Hoy nos daríamos con un canto en los dientes por tener un Arévalo en TV-3

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Jair Domínguez y Peyu, en ’Bricoheroes’.

Jair Domínguez y Peyu, en ’Bricoheroes’. / TVC

Esas cosas terminan siempre explotando en la cara del alguien, y ha sido en la de Vicent Sanchis, director de TV-3. Uno mantiene en la programación de una TV -pública, conviene no olvidarlo- a unos tipos cuya gracia consiste en gritar "Puta Espanya!" y acaba viendo cómo aseguran en 'prime time' que les gustaría que la reina les hiciera una «mamada» (sic). Qué digo la reina, incluso su hija, menor de edad. Cuando el sentido del humor consiste en ser más bestia y grosero que nadie, uno debe superarse a sí mismo cada día, en una espiral que finaliza siempre de la peor manera. Si es que ha terminado, ya que tras proclamar las ganas de ser 'felatiado' por una menor, no hay otra manera de mantener la audiencia que trasladar esos deseos a la realidad y retransmitirlo en directo. Qué tiempos, cuando se hablaba de «humor catalán» para diferenciarlo del español, al que se tenía por casposo y paleto. Hoy nos daríamos con un canto en los dientes por tener un Arévalo en TV-3.

Si cuando se gritó el primer "Puta Espanya!" en TV-3 alguien se hubiera preocupado de pensar qué le parecería un "Puta Catalunya!", nos habríamos ahorrado algunos bochornos. Cambiar el sujeto de burla por uno que nos toque de cerca sirve para comprobar la solidez de un gag: piensen que en lugar de la reina y su hija, las dos personas a las que el tal Peyu quisiera ver delante suyo de rodillas, fueran la señora de Vivales y su hija, o la presidenta del Parlament y la suya. Si les sigue pareciendo un gag gracioso, adelante con ello, no se corten y manden esas sugerencias a TV-3. Qué risa.

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No me parece mal que Peyu fantasee con niñitas, pero esos anhelos se sacian en la intimidad del hogar, con Internet y un poco de imaginación, como se ha hecho toda la vida. Cada cual es dueño de sus propias aberraciones sexuales, pero no hace falta darlas a conocer por antena, a no ser que se lo haya aconsejado el psicólogo como parte de la terapia. En ese caso, y siendo por el bien de la salud mental del presunto humorista, nada hay que objetar a que se sincere en público. Antes de TV-3, esa gente tenía que conformarse con confesar sus cuitas a otros como ellos, sentados todos en círculo.

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-Hola, soy Peyu y me gusta que las niñas me hagan cochinadas.

Aclaración

TV-3 no difundió el fragmento del gag de 'Bricoheroes' del que habla Albert Soler en su artículo 'Peyu se sincera'.