ASAMBLEA, PARTE II

"¡Collons, votem ja!"

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"¡Collons, votem ja!"

Solo un hereje como yo puede atreverse a escribir estas cosas. Solo un hereje como yo (o como José Elías, el amo de Audax Renovables, que ya dijo que el Barça no puede dirigirse como una comunidad de vecinos), puede remover los cimientos de una institución de más de 100 años como el Barça.

Y es que hereje, según las dos primeras acepciones de la RAE, es aquel que “niega alguno de los dogmas establecidos en una religión” (por ejemplo la culé y hasta la cruyffista) y, también, la persona que “disiente o se aparta de la doctrina o normas de una institución”. Solo un hereje como yo puede empezar a intuir que el Barça empieza a dejar de ser ‘més que un club’, está perdiendo sus esencias cruyffistas (el 4-3-3, el tiki-taka….) y, cómo no, cada vez es menos propiedad de los socios.

Lo he escrito alguna vez: no voy contra la religión, solo cuestiono alguno de sus mandamientos. Y, en la prolongación de la magna asamblea, donde la junta de Joan Laporta arrasó, pero perdió allí donde al presidente más le duele, en su batalla contra los peñistas (“Jan, nos has declarado la guerra”, le dijo un socio canario), quedó patente que los socios viven en la contradicción pura porque sospechan que la propiedad puede escapárseles de las manos.

Representación ridícula

Pero, miren, soy hereje pero no tonto. Si los socios estuviesen, de verdad, preocupados por el destino del club (de su propiedad), no hubiesen repetido el ridículo de la primera convocatoria. Y poco me importa, incluso siendo hereje, que los más veteranos me digan que “siempre ha sido igual”. Puede que siempre haya sido igual, es decir, que no vaya nadie, pero nunca el Barça estaba en la ruina y nunca el Barça iba a pedir permiso para endeudarse, además de los 1.482 millones de euros que debe, en otros 2.000. ¡Nunca! Y, como dice Elías, si en mi escalera hay que cambiar el ascensor y eso es una pasta de narices para cada vecino, la reunión en el portal es masiva. Repito: masiva.

Sé que los conocen, pero vuelvan a leer los números de la asamblea del Barça: de 4.452 socios convocados, asistieron 455; es decir, el 10% de los llamados, es decir, el 0,3% de la masa social culé. Y déjenme que les sonroje aún más: entre los 455 asistentes, muchos eran de ‘ellos’, es decir, del club, como miembros Comisión Económica, Comisión Disciplinaria, senadores antiguos, representantes de peñas…ordinarios, reales-reales, eran poco más de dos centenares. Y, termino, en las votaciones (incluso las vitales), no hubo más de 350.

Laporta se cabrea

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Es decir, menos temer que Elías y su amigo Eduard Romeu, millonetis de Audax Renovables, se adueñen del Barça; menos temer que Goldman Sachs fagocite al club; menos temer que hacerse socio telemáticamente vaya a suponer 500.000 socios más (pagados por un jeque) y más acudir a defender su propiedad. Me juego mi Golf histórico, de hace 36 años, el que Ada Colau me ha empujado a llevarme a Palma porque, en Barcelona, ya no puede circular, que si los compromisarios hubiesen sido convocados para elegir entre Erling Haaland, Kylian Mbappé y Robert Lewandowski, hubieran acudido los 4.452.

PD: Si se hubiese producido una tercera cita asamblearia, los socios hubiesen empezado a conocer al auténtico Joan Laporta, al de “¡collons, votem ja!”, aquel que negó declarar una guerra a los peñistas, que le estalló en la cara.