Pros y contras

De la importancia de las cosas mínimas, humildes y ordenadas

Nos llenamos la boca de grandes conceptos, pero dejamos que las cosas mínimas, humildes y ordenadas cojeen o se vean abocadas al letargo

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Josep Pla, en el Mas Pla de Llofriu.

Josep Pla, en el Mas Pla de Llofriu. / EDITORIAL DESTINO

Anna Aguiló ha estado casi treinta años al frente de la Fundació Josep Pla. Ahora, en su jubilación, nos descubre detalles y nos avisa del futuro de entidades como esta, cruciales para la robustez cultural del país. Fue una de las propulsoras de Espais Escrits, una red que congrega las iniciativas donde se archiva, se valora y se promociona la obra de escritores catalanes, en su entorno. Explica que, en los inicios, sufrió el intento de trasladar los manuscritos 'planianos' a Barcelona, "porque no se concebía que estuvieran en Palafrugell". Aguiló pasa revista a las dificultades y a la casi novelística (o rocambolesca) tarea de reunir documentación (en pugna o en connivencia con los familiares, los editores, los albaceas) y habla de las aportaciones, públicas o privadas, absolutamente necesarias para el futuro, "una colaboración que en los últimos años se tambalea". Nos llenamos la boca de grandes conceptos, pero dejamos que las cosas mínimas, humildes y ordenadas (las que hacen sólida una cultura) cojeen o se vean abocadas, como es el caso de la Fundación Pere Coromines de Sant Pol de Mar, a un letargo que solo es sacudido, como siempre, por individualidades que luchan contra la estulticia.

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