Aniversario del fin de la violencia de ETA Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Que no lo estropee la política

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Eguiguren, en octubre pasado.

Eguiguren, en octubre pasado. / JOSÉ LUIS ROCA

Cuando terminé de leer ETA. Las claves de la paz, conocido el papel jugado, al final del proceso, por Jesús Eguiguren y Arnaldo Otegi, caí en la cuenta de  que la paz también tendría sus víctimas. No me equivoqué.

Debería haber sido un día de fiesta en el Congreso de los Diputados. Llevamos 10 años sin ETA, un motivo de celebración para los demócratas; ETA ya no está pero sí aquellos que han convertido la existencia de la banda terrorista y sus crímenes execrables en una oportunidad para la política, la mala, para hacer del duelo, el dolor, el capital simbólico de su acción .

Y, sin embargo, ETA no existe, por mucho que la derecha ultramontana, hoy muy radicalizada en las instituciones democráticas del Estado, se agite como si fuera un fantasma al que haya que ofrecer sacrificios permanentes. Los rentistas de ETA, hace muchos más años que los 10 de paz, exhiben sin decoro las escrituras de propiedad exclusiva del dolor de todas las víctimas del terrorismo. 

Es la crispación de la mala política. Se ve también en estos días de enfrentamientos en el Reino Unido; lo que más se teme es truncar los Acuerdos del Viernes Santo. Avivar el conflicto irlandés es la mala política de Boris Johnson con una respuesta patriótica a sus propios errores. La mala política no entiende de fronteras, nunca va a reconocer el esfuerzo de tantos por conseguir la paz, se nutre del conflicto. Las víctimas, en la mayoría de las veces, son esgrimidas simplemente como recuerdo permanente, no de su ejemplo para la paz sino como iconos para mantener viva la pelea. 

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La violencia terrorista de ETA no es como para olvidarla sin más, pero se agradecen los pasos. El dado por Arnaldo Otegi ha sido muy importante por mucho que descoloque. No será suficiente, habrá que transitar nuevos caminos de reconocimiento y perdón.

En Eukadi falta pedir perdón, pero quedan otros muchos perdones por pedir que consolidarían aún más la paz y la convivencia .