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Eléctricas, gases y centrales nucleares

Cuando parecía que ya no hablábamos de átomos y reactores, Macron apuesta por más energía nuclear. El apocalipsis o bien será gélido o bien un estallido de fuegos artificiales.

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Eléctricas, gases y centrales nucleares

Dejamos atrás la pandemia (las mascarillas serán una especie de recordatorio mudo y aviso simbólico) y nos encontramos con la falta de transportistas, de combustibles, de chips, los déficits de gas y la subida inmunda de la electricidad. Se nos anuncia un invierno que podría llegar a ser la antesala no del infierno (porque pasaremos frío), sino de un caos helado que afectará a las economías, la vida cotidiana, las relaciones humanas. Tendremos que pagar la calefacción como un lujo y aún gracias, tal como van las cosas. Y quizás no compraremos regalos de Navidad, no porque seamos más pobres o menos materialistas, sino porque no habrá nada que regalar, si exceptuamos libros, pendientes o alcachofas de kilómetro cero.

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El mundo se convierte con persistencia un lugar hostil que se encamina a saber dónde, colgando del hilo de una tecnología que, cuando se hunde, hace zozobrar la inestable y frágil fragata. Y, para acabar de alegrarnos el día, cuando parecía que ya no hablábamos de átomos y reactores, Macron apuesta por más energía nuclear. El apocalipsis o bien será gélido o bien un estallido de fuegos artificiales. Mientras tanto, los colores del otoño nos inundan con entusiasmo vegetal.

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