Empleo precario Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El misterio de los trabajadores ausentes

Seguimos con la cantinela de que faltan profesionales, cuando quizás lo que falte son empresarios cuya manera de crear valor no sea únicamente abaratar los costes laborales

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Camareros atienden a clientes en un restaurante de la Barceloneta, en junio pasado.

Camareros atienden a clientes en un restaurante de la Barceloneta, en junio pasado. / FERRAN NADEU

No falla, es cíclico, y como las muñecas de Famosa haciendo la ‘zombie walk’ hacia el portal, cada cierto tiempo vuelven los cánticos plañideros de tal o cual sector, cuya patronal clama desconsolada por la ausencia de trabajadores. Ahora es la hostelería -una de las ‘prima donnas’ en esta opereta recurrente-, pero también hemos oído que faltaban profesionales de la sanidad, camioneros y hasta profesionales de la construcción. Es una tonada popular y populista, que también se escucha en otros sitios, como el ‘brexitoso’ Reino Unido, y que viene acompañada de cierto reproche moral, porque ¡cáspita y recórcholis! ¿cómo puede ser que haya tanto paro cuando faltan manos? ¡Si el trabajo, como decía cierto siniestro póster motivacional, os hará libres! La culpa es de los trabajadores, por la formación que reciben (demasiada o demasiada poca, pero nunca, se ve, la que requiere el leviatán del mercado laboral), de la falta de sacrificio y/o vocación, de los azares de la geopolítica, o de esa zarandaja de la conciliación. O, lo que es peor, la melodía es que el sector -da igual qué sector, lo mismo da la universidad que el periodismo que la recogida de la fruta - no puede funcionar si no es con empleados mal pagados que asumen sus labores solo porque no les queda otra opción, algo que, por cierto, ya comentó en el siglo XIX un tal Karl Marx, y no precisamente para bien.

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“Pagadles más”, dice Joe Biden ante la perplejidad de los empresarios estadounidenses frente al fenómeno de la Gran Dimisión que se está dando en su país, es decir, el abandono masivo de puestos de trabajo que no ofrecen ni dinero ni seguridad ni satisfacción intelectual. El mercado laboral en España tiene los pies de barro, y no para de expulsar trabajadores hacia la autoocupación involuntaria, que está en un 21,7%, por encima de la media europea del 16,9%. Y seguimos con la cantinela de que faltan trabajadores, cuando quizás lo que falte son empresarios cuya manera de crear valor no sea únicamente abaratar los costes laborales.