Editorial Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La UE choca con Polonia

Europa no puede ceder so pena de sentar un peligroso precedente que cuestione los principios de la Unión

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El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki.

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki. / JOHANNA GERON / AFP

La primacía del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre los tribunales nacionales de los estados miembros es uno de los fundamentos más sólidos y lógicos sobre el que descansa el principio de igualdad de todos los ciudadanos europeos. Los tratados de adhesión protegen y consagran ese principio que, de admitir excepciones, se quebraría. Se trata, desde luego, de una cesión de soberanía, como sostiene el primer ministro de Polonia, Mateusz Morawiecki, pero tal cesión es necesaria e ineludible porque, de no existir, se vulneraría el referido principio de igualdad que es tanto como decir que sufriría grave daño la cohesión de los Veintisiete.

La agria discusión de este martes en el Parlamento de Estrasburgo es por demás esclarecedora: la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, se vio en la necesidad de recordar que no cabe impugnar la prevalencia del derecho comunitario y de las resoluciones del TJUE; el primer ministro polaco acusó a la Unión Europea de practicar el chantaje financiero (el bloqueo de fondos procedentes de Bruselas). En realidad, el recurso al llamado mecanismo de condicionalidad del Estado de derecho es perfectamente posible de acuerdo con el reglamento aplicable al periodo presupuestario 2021-2027, y el compromiso de la Comisión a supeditar cualquier decisión a lo que dictamine el TJUE es una muestra de prudencia extrema y una forma de dar a Polonia tiempo suficiente para que recapacite.

Más allá de tales formalismos, lo que está en juego es la consolidación de la unidad de doctrina jurídica frente a la pretensión del Gobierno polaco de abrir la puerta a una especie de régimen jurídico a la carta en virtud del cual cada Estado adquiriría la potestad de respetar o no el acervo jurídico del TJUE, según entendiera que colisiona o no con su Constitución. La eurofobia de la extrema derecha, en la que hay que incluir Ley y Justicia, el partido mayoritario en el Parlamento de Varsovia, apunta justamente a este objetivo, movida por su frenesí nacionalista y divisivo. Y por esa misma razón, todos los grupos del Parlamento Europeo, menos la bancada ultra, se han manifestado contra la posición defendida por Morawiecki desde la tribuna.

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La Unión Europea no puede ceder en ese disenso so pena de sentar un peligroso precedente. Porque si ahora cediese, debilitaría enormemente su posición en otros asuntos que están sobre la mesa, como la ley aprobada en Hungría que prohíbe hablar de homosexualidad en las escuelas y que la UE considera que lesiona la doctrina largamente consolidada de protección de los derechos humanos. Esto es, si ahora transigiese, mal podría en el futuro salir en defensa de la igualdad de los ciudadanos europeos ante cualquier transgresión de sus derechos. Porque a lo que en la práctica aspira el Gobierno polaco es a presentarse ante el electorado que lo sostiene como valedor a ultranza de la identidad nacional y, al mismo tiempo, como decidido defensor de que el país permanezca en el seno de la UE en las condiciones que Varsovia establezca. Algo del todo inasumible por los demás socios y que solo puede derivar en graves y costosas consecuencias de acuerdo con las reglas de juego que los europeos se han dado desde antiguo. La pretensión de mantenerse dentro de la UE bajo unas reglas 'ad hoc' tiene un precedente en la actitud que sostuvo el Reino Unido y durante décadas, y acabó desembocando en el Brexit. El caso no se puede repetir.