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Un Gobierno con partido

Sánchez sitúa a su mano derecha en la dirección del PSOE poniendo de manifiesto que es el Ejecutivo el que manda, inviertiendo así la lógica más tradicional

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El presidente el Gobierno y secretario General del PSOE Pedro Sanchez durante la reunión primera reunión de la nueva Ejecutiva Federal del PSOE , en la imagen en Pilar Alegría , Isabel Rodriguez y Maria Jesus Montero.

El presidente el Gobierno y secretario General del PSOE Pedro Sanchez durante la reunión primera reunión de la nueva Ejecutiva Federal del PSOE , en la imagen en Pilar Alegría , Isabel Rodriguez y Maria Jesus Montero. / David Castro

Los congresos son la fiesta de la democracia interna y el momento culminante de la vida de los partidos. En ellos sus miembros rinden cuentas con la dirección saliente, adoptan las líneas ideológicas y estratégicas, llevan a cabo ajustes organizativos y eligen a la nueva dirección. La discusión ideológica, estratégica y organizativa suele haberse sometido a deliberación previa y no es habitual, al menos en los partidos más consolidados, trasladar al congreso el debate de las cuestiones más divisivas, que haberlas haylas en todos los partidos. Así pues, los documentos aprobados suelen contar con el apoyo de amplias mayorías, al igual que la dirección cuando no hay fractura interna.  

El 40º Congreso Federal del PSOE ha cumplido a la perfección con este guion. Un informe de gestión aprobado por unanimidad, al igual que la ponencia marco que ha resuelto todas las discrepancias en el trabajo en las comisiones y una ejecutiva federal que ha contado con el apoyo del 94,6% de los delegados. Poca innovación desde el punto de vista ideológico más allá de la reivindicación a una socialdemocracia verde y feminista y algunos compromisos destacados como la abolición de la prostitución, la derogación de la ley mordaza o la abolición de la reforma laboral del PP. Y mucha contención respecto a Catalunya, la cuestión que más ha condicionado la política española en los últimos años y que ni siquiera aparece mencionada y que, aparentemente,  se resuelve de manera genérica con una invocación al federalismo de corte plurinacional, al desarrollo del gobierno multinivel y a la desconcentración de la Administración General del Estado.

Pero lo más relevante de este congreso ha sido la escenificación de la unidad que ha conseguido tejer Pedro Sánchez a su alrededor como consecuencia de su acceso al Gobierno en 2018. Lejos quedan ya las divisiones internas del 39º Congreso que llevaron a la presentación de tres candidaturas a la secretaría general del partido y a la victoria por la mínima de Sánchez, que logró imponerse por poco más de la mitad de los votos. El líder depuesto por el aparato en 2016, recuperado por la mínima por la militancia en 2017, es hoy más líder del partido nunca. Ha conseguido el apoyo de casi todo el partido y lo que es más importante desde el punto de vista simbólico, de los ex presidentes socialistas, en particular del díscolo Felipe González, que ha hecho profesión de sanchismo reservándose el derecho a discrepar y a salir en la foto. 

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Sin rival interno Sánchez ha diseñado una ejecutiva federal renovada a su imagen y semejanza rodeado de ministros y sobre todo ministras, rejuvenecida y feminizada.  Destaca  la presencia en la ejecutiva del ministro de la Presidencia, Félix Bolaños,  en el cargo de secretario para la Reforma de la Constitución y Nuevos Derechos. Por dos motivos. El primero es que Sánchez sitúa a su mano derecha en la dirección del partido poniendo de manifiesto que no es el partido el que manda sobre el Gobierno sino el Gobierno sobre el partido. Se invierte así la lógica más tradicional en las relaciones partido-gobierno y se consolida una dinámica basada en la absoluta hegemonía del partido institucional, cuyo líder parece haber designado a un comisario de Gobierno ante el partido para evitar repetir las tiranteces que se produjeron en la etapa anterior.

El segundo es precisamente la responsabilidad atribuida a Bolaños, la de la Reforma Constitucional, una reforma que naturalmente debe entenderse en sentido federal tal y como se deduce de lo aprobado en congreso. Así pues, si bien de entrada Catalunya no aparece mencionada  en los documentos congresuales sí que se otea en el horizonte la voluntad de avanzar hacia una reforma institucional que contribuya a rediseñar el reparto del poder político y a resolver un conflicto territorial que no solo se circunscribe a Catalunya pero que sí tiene en ella no solo el más claro exponente sino también la cara más amarga. Pero para ello hacen falta amplios consensos, y el primero, y he ahí la tarea encomendada a Bolaños, ha de ser el construir el consenso en el seno del partido, empezando por una posición común respecto a la financiación autonómica de cara a la reunión de presidentes convocada por Feijoo.