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Caminos, atajos y rotondas

En el diálogo entre Catalunya y España no es momento de maximalismos y líneas rojas, sino de encontrar elementos de distensión, que ayuden a encontrar primero soluciones pequeñas e individuales

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el de la Generalitat, Pere Aragonès.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el de la Generalitat, Pere Aragonès.

Parece que se inicia un momento político diferente al de los últimos años, de bloqueo y confrontación al diálogo y la negociación. A buen seguro será un camino difícil, lleno de piedras e incluso algunos intentarán provocar algún desprendimiento.

Se ha demostrado que ni la judicialización ni la unilateralidad son una solución. Ni parcial, ni total. Más bien al contrario, estas dos estrategias políticas nos han llevado a la situación de bloqueo actual, y no solo afectando al futuro político de las relaciones de Catalunya con España, sino también al día a día de las políticas sociales y económicas, y más en una situación de crisis sanitaria y económica como la que sufrimos, y a miles de personas con procesos de judiciales abiertos.

Más allá de las posiciones iniciales de la negociación de las partes, para unos amnistía y autodeterminación y para los otros todo dentro de la Constitución Española actual, no es momento de maximalismos y líneas rojas, sino de encontrar elementos de distensión, que ayuden a encontrar primero soluciones pequeñas e individuales, que no dejan de ser importantes porque tienen que abrir el camino hacia soluciones más globales. El caso de los indultos es un claro ejemplo.

Estos días ya estamos viendo las dificultades, Tribunal de Cuentas, composición de la mesa de diálogo, detención de Puigdemont.... Es más cómodo quedarse en las posiciones puras, tiene más riesgo buscar puntos de consenso, que quedarte en el bucle de los últimos años. Quién lo habría dicho, que es más revolucionario y tiene más riesgo buscar consenso, diálogo y negociación que quedarse en las posiciones de máximos, que suman a los tuyos y basta, por muchos que sean.

Los resultados electorales y algunas encuestas de los últimos años nos sitúan de manera evidente que los bloques se consolidan, pueden variar en función del momento, pero no se crece, ni se disminuye más allá del 5%. En unas elecciones, dentro de los bloques a veces ganan las opciones más de máximos, en otras las opciones que apuestan más por la negociación. En este caso la realidad es bien tozuda. O se consigue modificar esta realidad, a partir de buscar soluciones en el marco del diálogo y la negociación, con todo los riesgos y las desconfianzas actuales, o nos encontraremos ante la cronificación que no lleva a ninguna parte.

En una sociedad cada vez más dualizada hay que empezar a romper estas dinámicas de tener que escoger, permanentemente, entre el blanco y el negro. Para muchos entre el blanco y el negro el resultado no es el gris, sino que entre el blanco y el negro hay todos los colores del arco iris; por lo tanto, imaginen la de propuestas alternativas y de consenso que se pueden tratar de construir. Es decir, no es cuestión de renuncias, no es conseguir la mitad exacta de todo lo que se pide de inicio, es cuestión de definir puntos de acuerdo y de desacuerdo, y estudiar y trabajar propuestas alternativas; es decir, no busquemos el titular fácil de quien gana y quien pierde, si no cómo lo hacemos para que todo el mundo avance.

Una vez pasados los tiempos más intensos y duros de confrontación política y judicial, cada vez hay más gente que no está ni con los tuyos ni con los míos. Las fidelidades ciegas, las falsas unidades que genera el adversario se rompieron o se tienen que ir rompiendo. Entre los tuyos y los míos no necesariamente la gente está en medio, con los llamados otros. La autocrítica, necesaria e imprescindible, o el cansancio ante discursos proféticos y/o sacrosantos, se van abriendo, o se tienen que abrir nuevos caminos, que seguramente no serán proféticos, pero que tienen que ser resolutivos, con la resolución primero de situaciones más concretas y pequeñas, pero sin dejar de pensar en cuál es el horizonte global. Tardaremos más tiempo, pero lo tenemos que conseguir también en el horizonte global, porque sin horizonte global nos pasará lo mismo que en el escenario de la confrontación. Que es la cronificación del conflicto y, por tanto, la dualización de la sociedad.

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