ANÁLISIS

Un modelo decadente

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Laporta, en la asamblea de compromisarios.

Laporta, en la asamblea de compromisarios. / Valentí Enrich

Que la Asamblea de Compromisarios se ha convertido en un artefacto obsoleto y decadente se va haciendo palmario cada año que pasa. Con cada cartulina levantada (¿dónde estás, voto electrónico?), con cada compromisario ausente, con cada minuto que (casi) se solapa con el partido, el modelo se evidencia más viejo que el mismo Camp Nou

Existía aprensión en la Junta Directiva hacia esta cita, en particular por la millonada solicitada para el Espai Barça y por la suspensión transitoria del artículo 67 que comprometía su continuidad. De ahí el despliegue mediático en la ultima semana de los puntales de la junta. Un esfuerzo encomiable que se vio dramáticamente frustrado. Laporta, con un golpe de cintura inesperado, envió a los compromisarios a ver el Barça-Valencia y ya se votará otro día. Lo nunca visto. 

Una decisión tan excéntrica como entendible, pues tampoco era plan de resolver entre cuatro gatos todo aquello tan trascendente para el club. Una escenificación clara de que el formato debe ser transformado urgentemente. Y sí, el FC Barcelona es de los socios, pero muy pocos de ellos, 700 y pocos, están dispuestos a sacrificar su tiempo para participar en su gobernanza. Ya ni siquiera para ir al Camp Nou a ver fútbol. Apenas 40.000 espectadores se juntaron el día que se acababan las restricciones: si esto no es una crisis social del barcelonismo en toda regla, se le parece mucho. 

Las grietas

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En la Asamblea algunos compromisarios pidieron sangre contra Bartomeu y Laporta les hizo salivar con el anuncio de una asamblea extraordinaria para debatir los castigos que se puedan adoptar. La carta de la ruina de Bartomeu aún va a dar juego y la cuestión es cuánto tiempo más puede la junta de Laporta usarla para explicar su día a día. No se revierte una situación de precariedad de un día para otro, pero la memoria es tan corta como la paciencia en el cosmos azulgrana.

Le iría muy bien a la junta el confort del equipo de Koeman, que por lo visto ante el Valencia ha adquirido pegada con el gran Ansu Fati pero sigue sin ser un bloque compacto. Se ganó, pero se le ven las grietas. Como a la tesorería, como al Estadi, como al modelo de Asamblea, como a la afección del barcelonismo. Cabe pedir paciencia, también acción.