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Una monarquía LGTBIQ+ en Europa

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Amalia de los Países Bajos.

Amalia de los Países Bajos. / AFP / EVERT ELZINGA

Más allá de los efectos ópticos en los desfiles, la monarquía no está en discusión en la mayoría de los países europeos que la tienen como forma de Estado constitucional. En España navega lastrada por los escándalos del rey emérito que han puesto en peligro el trono y dañado su imagen. La institución cuenta con notable apoyo en Reino Unido, Suecia, Dinamarca, Noruega, Bélgica y Países Bajos; la mayoría la percibe como un factor de estabilidad y unión.

Es esencial ser útiles para la sociedad y vivir acorde a unos tiempos de igualdad de derechos pese a que los reyes se reserven la carta hereditaria. El primer ministro de los Países Bajos, el conservador Mark Rutte, ha dado un paso histórico para zanjar un peligroso debate alentado por sectores ultras: ¿puede la heredera al trono casarse con una mujer sin perder la corona?

Catalina Amalia de Orange tendrá el mismo trato que cualquier holandés, amparada por la ley de 2001, una de las pioneras, que declaró legal la unión homosexual. La princesa no tendrá que renunciar al trono sea cual sea su orientación sexual. Holanda podrá tener una reina y una princesa consorte y convertirse en un símbolo del movimiento LGTBIQ+.

Los Países Bajos son abiertos en lo social y puntillosos en lo económico, pese a ejercer junto a Luxemburgo de paraíso fiscal. Ambos practican el dumping fiscal frente a sus socios de la UE. Rutte es uno de los azotes del sur de Europa. Nos acusa de ser poco trabajadores. Con este discurso trata de restar votos a la extrema derecha de Geert Wilders.

Es posible que este gesto estimule a otras monarquías, sobre todo las nórdicas, aunque sería de difícil aplicación en España, donde las derechas extremadas hacen campaña contra los derechos homosexuales, en el caso de VOX, y contra la eutanasia y la actual ley del aborto, en el caso del PP.

Igualdad ante la ley

Para los Países Bajos es una cuestión de igualdad ante la ley, pero también de prestigio porque su marca es ser un país tolerante, líder en la defensa de los derechos humanos. Este ha sido su emblema desde el final de la Segunda Guerra Mundial, por eso acoge en su territorio a varios tribunales transnacionales creados bajo el amparo de la ONU.

El genocidio de Srebrenica, en el que sus tropas no evitaron la matanza de más de 8.000 varones musulmanes en julio de 1995, fue un duro golpe para su autoestima. El Tribunal Penal Internacional para la exYugoslavia, sito en La Haya, calificó lo ocurrido de genocidio.

Hay 44 monarquías en el mundo, además del Vaticano. Algunas son dictaduras brutales que descuartizan a sus disidentes más notorios, como la de Arabia Saudí, o sofisticadas como Qatar y Emiratos Árabes. La jefatura de la Iglesia Católica no es hereditaria porque los papas no tienen descendencia. El matrimonio está prohibido para el clero. Es una orden que se mantiene desde el siglo XII. Su finalidad es evitar que las herencias salgan del seno de la iglesia. 

Según la tradición católica, al Papa lo elige su propio dios en forma de paloma, que decide el nombre del sucesor. Varias monarquías absolutistas utilizan la conexión divina para reforzar su auctoritas y evitar discusiones terrenales sobre sus derechos.

Monarquías europeas

La monarquía británica es la más popular, además de muy rica, pero no la más poderosa. Pese a sus reiterados escándalos cuenta con un apoyo del 85% de los británicos. La actitud inicial de la Reina tras la muerte de Lady Di, que se mantuvo ajena a la conmoción de su pueblo, supuso un mazazo para su imagen. Isabel II le debe mucho a Tony Blair, que supo colocarla al frente del duelo nacional.

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La serie The Queen proyecta una imagen de familia elitista fuera de la realidad, pese a ello ha servido de vía de escape cinematográfico para un pueblo maestro en el humor. La Firma, que es como se conoce a la Casa Windsor, es un emporio de propiedades que sirve de unión entre Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, y mantiene la ficción de que el imperio no ha muerto ya que la reina retiene el título simbólico de jefe de Estado en algunas ex colonias.

Aunque en España decrece el apoyo a la monarquía, no hay desplome. Según la encuesta del instituto 40dB, publicada hace una semana, habría más votos en favor de una república si se celebrase un referéndum, pero del mismo estudio se deduce que no es un asunto prioritario. El problema más grave para Felipe VI y sus herederos es que se les perciba como parte de un entramando rancio que abuchea a los presidentes de gobierno de izquierdas y vitorea la españolidad de la cabra de la Legión.

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