Editorial Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

El futuro de la alimentación

Apenas hemos empezado el cambio de hábitos individuales y formas de producción que deben permitir un sistema alimentario sostenible

3
Se lee en minutos

Anuncio del Ayuntamiento de Barcelona de la Semana de alimentación sostenible

Más de 200 grandes ciudades de todo el mundo se han ido incorporando al Pacto de Milán de Política Urbana Alimentaria desde su firma en el año 2015. Este acuerdo pretende ser, más que una declaración, un instrumento para modificar la forma en que consumen, distribuyen y también producen alimentos de forma sostenible y justa las ciudades –que ya superan el 50% de la población mundial–, con 37 actuaciones concretas e indicadores para evaluar su cumplimiento. Barcelona acogerá del 19 al 21 de octubre la sexta cumbre anual del Pacto de Milán, un encuentro que va asociado a la declaración de la ciudad como Capital Mundial de la Alimentación Sostenible y la celebración de un amplio programa de actos durante todo el año en la ciudad y, durante 10 días, una Semana Ciudadana paralela a la celebración de la cumbre. Ni el acuerdo entre ciudades, ni sus encuentros anuales pasarían de ser un evento vacío de contenido de no ser por su doble condición de acicate y guía de un cambio profundo y de instrumento de concienciación ciudadana sobre las transformaciones que estamos viviendo en este campo.

La crisis ambiental que vive el planeta ha cambiado el marco en el que nos movemos. Los objetivos del Milenio que la ONU se fijó para el periodo 2000-2015 se limitaron a poner como meta la reducción a la mitad de las personas que sufren hambre en el mundo, la causa para la que se creó en su día una organización internacional como la FAO. Los objetivos de la heredera de aquella iniciativa, la Agenda 2030, fijan como meta la eliminación completa del hambre en el mundo, incidiendo en que sin la corrección de los desequilibrios en los mercados mundiales de la alimentación eso no será posible, pero añaden nuevos retos: la creación de un sistema de producción sostenible y resiliente, ante los grandes cambios climáticos que no dejan de acelerarse y las transformaciones en las estructuras de generación de energía y de generación de residuos que la crisis ambiental también hacen inevitables.

En este contexto, las acciones que pueden emprender las áreas urbanas y sus habitantes son muchas. No solo garantizar el acceso a los alimentos a toda la población sino potenciar el consumo responsable de productos locales o elaborados, transportados y distribuidos comercialmente en condiciones que generen la menor huella ecológica y garanticen el futuro del sector agrario en condiciones viables y justas.

Hacerlo realidad supone una transformación de toda la cadena de la alimentación pero también de los hábitos alimentarios de cada uno de nosotros. La Semana Ciudadana, que se desarrolla entre el 14 y el 24 de octubre, tiene precisamente como una de sus principales razones dar a conocer los recursos, herramientas y alternativas que la población tiene a su alcance para empezar este cambio. Parte de ella, especialmente las generaciones más jóvenes, ya lo ha empezado, con una conciencia creciente de que aspectos de la evolución de la dieta del mundo desarrollado en las últimas décadas, como el incremento del consumo de carne o de alimentos precocinados o la consolidación de modos de distribución y consumo que malbaratan cantidades ingentes de recursos ni es saludable ni sostenible. Ese es el primer paso, pero de nada sirve sin un cambio de las estructuras de producción que va más allá de la iniciativa individual, que por otra parte sin avanzar también en el acceso equitativo a la alimentación nutricionalmente saludable para todos no pasaría de ser un gesto tranquilizador de conciencias de minorías sensibilizadas.