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Pandora y el alcalde

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 Xavier Garcia Albiol  durante su proclamacion como nuevo alcalde de Badalona

Xavier Garcia Albiol durante su proclamacion como nuevo alcalde de Badalona / David Zorrakino (EUROPAPRESS)

Quedémonos con la esperanza. Lo único que permaneció en la caja de Pandora después de sacar todos los males que aquejan a la humanidad.

La lectura clásica le otorga al personaje mitológico el papel de precursora griega de la Eva bíblica. Y en una asignación hoy políticamente incorrecta, las dos han sido señaladas como las portadoras de nuestras desgracias.

El recuerdo contemporáneo de Pandora tiene el cuerpo y la intención de Ava Gardner en Tossa de Mar. La estrella del cine fue asimilada por los estudios como la perseverante seducción de la carne. O sea, el pecado católico. Hoy se la entiende como una mujer libre que hizo viajar a Frank Sinatra hasta la Costa Brava por los chismes que le llegaban y los celos que le corroían. Y allí fue donde se codearon con Mario Cabré de quien se dijo que había celebrado un idilio que nunca existió. Año 50 del siglo pasado.

Superada la lujuria queda el dinero.

El presente de Pandora es sinónimo de papeles que escondieron fortunas durante años en paraísos fiscales. Unas, declaradas después gracias a la amnistía dictada por el ministro Cristóbal Montoro. Otras, ocultas para evitar sus tributos al fisco español aunque fueran los míseros impuestos derivados de los intereses conseguidos. Ni siquiera del capital oculto.

A raíz del escándalo desatado, en la denuncia se han mezclado nombres y conceptos que han seguido distinta suerte informativa dependiendo de la simpatía o la antipatía hacia los afectados. Como si la cercanía emocional fuera un eximente o la antípoda ideológica, un agravante. Y esta consideración es la que interfiere no en el delito fiscal borrado sino en la falta ética cometida. Especialmente si quienes así obraron han ido impartiendo lecciones de moral desde sus púlpitos públicos obviando su techo de cristal. Atriles políticos, textos literarios o arengas deportivas.

A Xavier García Albiol (Badalona, 8 de diciembre de 1.967) la denuncia le llegó horas después de haber mostrado en Twitter su celebración del Día de la Hispanidad. La fiesta añeja del descubrimiento de América que una ley de 1987 sustituyó por “el recuerdo de la historia colectiva que forma parte del patrimonio común“ según el texto oficial. Por eso, desde entonces, el 12 de octubre España celebra su Fiesta Nacional. La que algunos independentistas trabajan si no cae en puente. 

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Fue así como descubrimos que tan olvidada le quedaba al alcalde de Badalona la revisión histórica como nublado tenía el recuerdo de una sociedad registrada en Belice, vía Andorra, de la que dice que no recibió ni un euro. Como si la inexistencia de réditos limpiara su desliz con la misma eficacia que él pretendía limpiar su ciudad. Eufemismo que mezclaba todo tipo de inmundicias, que sulfuró a la oposición pero que los tribunales nunca consideraron punible. 

A la demanda de dimisión, el Partido Popular apela a sus estatutos donde queda reflejado que no se sanciona hasta que el sospechoso se sienta en el banco de los acusados. Y Alejandro Fernández, su presidente catalán, dice que así consta también en las normas socialistas. Como los dos partidos que se han repartido el poder en España lo han legislado todo deben dar por buena la advertencia del historiador romano Tácito que señaló que cuanta más corrupción hay en un Estado, más leyes se dictan.