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Somos la generación que salió del armario, no volveremos a entrar

La que pasó de castigar a marginar; de marginar a tolerar; de tolerar a aceptar y de aceptar a reivindicar. Hoy somos millones los que andamos por este camino, que es el de la libertad, del respeto, de los derechos humanos

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Manifestación LGTBI contra la transfobia el Día del Orgullo, en Barcelona.

Manifestación LGTBI contra la transfobia el Día del Orgullo, en Barcelona. / Ricard Cugat

Del estigma y los más crueles acosos y castigos en los centros educativos al reconocimiento en los contenidos curriculares y los talleres de diversidad sexual en las aulas. De la patología abyecta y tratada con terapias torturadoras y aberrantes a la despatologización, el acompañamiento psicológico y los tratamientos hormonales o quirúrgicos en el sistema de salud pública, si hacen falta. De las palizas en las comisarías y estancias en la prisión Model de Barcelona al apoyo de las policías de proximidad, formadas para atender denuncias de delitos de odio. De juicios por travestismo a fiscalías para la investigación de delitos de odio por LGTBIfobia. De las personas señaladas con el dedo a las personas que pasean su orgullo por las calles, de las que tenían que vivir una vida de renuncia, o una doble vida a los matrimonios homosexuales. De las personas que tenían que esconder los nombres de sus madres o padres a los formularios que recogen la diversidad de familias. De la ley de Vagos y Maleantes –que no fue derogada en su totalidad hasta 1995- hasta la ley catalana para garantizar los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales y para erradicar la homofobia, la bifobia y la transfobia –aprobada en octubre de 2014, hace ahora 7 años.

Somos la generación que ha salido del armario. La que pasó de castigar a marginar; de marginar a tolerar; de tolerar a aceptar y de aceptar a reivindicar. Un largo camino hecho en relativamente poco tiempo, los veinte o treinta años de una generación. Un camino que en su momento lideraron en solitario las personas activistas, a las que se unieron los colectivos LGTBI+ y los de defensa de derechos civiles y, después de unos años, las fuerzas políticas que han acabado aprobando en las cámaras parlamentarias leyes de garantía de los derechos LGTBI+, derechos humanos sin ninguna discusión posible. Y también personas a título individual: aquellas madres que cuidaron a los jóvenes enfermos de SIDA y cosieron sus nombres en los tapices en memoria de los proyectos de los nombres; el personal sanitario que ayudó el colectivo en los tiempos más difíciles y sigue acompañando a las personas trans, hoy; los niños que presentan en clase a “mi madre y mi mami”; las juristas que han acompañado la lucha por la defensa de los derechos de todas las personas sin distinción; las personas jóvenes que, por las redes, hablan de sus identidades no normativas y diversas, sin miedo y con orgullo, y son referentes para decenas de miles de personas. Hoy somos millones los que andamos por este camino, que es el camino de la libertad, del respeto, de los derechos humanos.

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Un camino de largo recorrido, ya que todavía nos quedan muchos pasos para avanzar. La mera existencia de leyes no elimina la LGTBIfobia, ni el machismo, ni la xenofobia, ni el racismo, pero sí que blinda los derechos y compromete a los poderes públicos y a toda la sociedad en su defensa. Un camino que, como todos los caminos, solo podemos hacer sin olvidar todo lo que ha quedado atrás y aprendiendo de aquellas luchas porque sin ellas hoy no estaríamos aquí, no habríamos hecho camino. Y tenemos que continuar, sin desfallecer, ante provocaciones burdas y sin sentido, en una lucha donde ahora tenemos muchas más aliadas y sobre todo tenemos un poder público que apuesta para avanzar en derechos, desde el reconocimiento en positivo de una diversidad que aporta riqueza a la sociedad catalana. Una lucha que continúa, positiva, firme y llena de determinación, para no pararnos ni dejar que nada nos pare para llegar al hito de una sociedad libre de discriminaciones y de odio. Somos la generación que salió del armario. Nada ni nadie nos hará volver a entrar.

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