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Vacaciones y verdades

'Amigos pasajeros' es una comedia sin complejos pero que esconde verdades apodícticas, lo que la convierte en un espacio seguro en el que reírnos de asuntos serios sin miedo a hurgar demasiado en nuestras penurias

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Apartamentos de vacaciones en Lloret de Mar.

Apartamentos de vacaciones en Lloret de Mar. / EFE / MARTA PÉREZ

'Amigos pasajeros' es una comedia sin complejos, una de esas películas que elegimos cuando no sabemos qué queremos ver pero necesitamos reírnos un rato de la vida, de nosotros mismos, de todos los demás. Cuando nos apetece algo sencillo y directo, de rápida digestión y poco sedimento, seleccionamos una de esas películas de título fácil con su portada a juego pero, a veces, debajo de la comedia ligera nos esperan verdades apodícticas, que hacen de películas como esta un espacio seguro en el que reírnos de asuntos serios sin miedo a hurgar demasiado en nuestras penurias.

En 'Amigos pasajeros' la pareja protagonista, que vive amordazada por las expectativas de familiares y amigos, se dispone a disfrutar de unas vacaciones tan perfectas como se supone que tienen que ser ellos mismos. Sus planes cambian cuando se ven obligados a renunciar a su habitación y deciden aceptar la generosa oferta de la pareja culpable de dicho debacle, embarcándose en una serie de aventuras desenfrenadas que consiguen atravesar la inexpugnable coraza de exigencias personales de perfección que rigen la vida de los protagonistas, forjando una insólita amistad que les empuja fuera de su burbuja de pulida pretensión.

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Pero, al terminar las vacaciones, termina el idilio de vivir para uno mismo en vez de para los demás. Cuando empieza el camino de vuelta a casa, termina la licencia que nos damos para ser todo lo que no nos permitimos ser en nuestro día a día, quizá quienes queremos ser en realidad y no nos atrevemos a compartir con quienes más nos quieren y más nos idealizan sin querer. Y volvemos a disfrazarnos del rol que diseñamos para nosotros mismos para satisfacer expectativas propias y ajenas. En algún momento, crecemos y dejamos atrás la alegría de no saber quiénes somos en todo momento, las ganas de explorar y cometer errores en busca de algo inaudito. Nos dejamos engullir por una rutina que niega gran parte de quienes somos y la guardamos en una pequeña maleta de mano que llamamos “vacaciones”.

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