La lucha contra el covid Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

No bajemos la guardia todavía

Lo que queda de pandemia será una carrera entre vacunaciones y mutaciones, y tenemos que hacer todo lo posible para no perderla

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Gente paseando por la Rambla de Barcelona, en junio pasado.

Gente paseando por la Rambla de Barcelona, en junio pasado. / Ferran Nadeu (EPC)

Tenemos ganas de pasar página. Después de tantos meses, es normal que la fatiga pandémica empiece a sobrepasarnos. Por eso, algunos han decidido interpretar la reciente disminución de casos en muchos países como el final del problema. El ejemplo más extremo es el del Instituto de Salud Pública y Laboral de Navarra, que hace unos días anunciaba que la pandemia había terminado en su territorio. Dejando de lado el no haber entendido qué significa la palabra "pandemia" (no es un problema de territorios, sino del mundo entero), es peligroso que las autoridades alimenten la sensación de que ya no hay que preocuparse más por el covid-19 porque los casos no volverán a subir. No es, ni mucho menos, la realidad.

Basta con mirar al Reino Unido para entender el error de este razonamiento. La peor estrategia ahora es esconder la cabeza bajo el ala al estilo británico y pretender que el virus no existe. Desde que Boris Johnson anunció el Freedom Day el 19 de julio, la pandemia ha seguido su ritmo sin que el gobierno aplique ninguna restricción adicional. El resultado es que, a pesar de que a principios de agosto España tenía el mismo número de casos que el Reino Unido, actualmente las cifras de contagios allí son 10 veces superiores, con todas las consecuencias que ello conlleva (10 veces más covid persistente, más mortalidad, más ingresos...). Por muy bien vacunados que estemos, si no hacemos nada para evitar que el virus circule libremente, sufrirá mucha gente que se lo podría haber ahorrado.

Esto será así hasta que la pandemia acabe de verdad. Pasará cuando los niveles de inmunidad sean lo bastante altos en todo el planeta como para dificultar la transmisión masiva del virus. De momento, estamos bastante lejos. Algunos modelos calculan que quizá tendremos que esperar más de dos años antes de que el porcentaje mundial de vacunados sea suficiente. Que en tu país haya una buena cobertura no significa que ya puedes bajar la guardia. Lo expresó claramente la primera ministra de Barbados, Mia Mottley, en el discurso que hizo en la Asamblea General de la ONU hace un par de semanas: ¿cuántas variantes más de SARS-Cov-2 deben aparecer hasta que no entendamos que se necesita un plan global de vacunación?

Parece que nos cueste entenderlo. Mientras el virus circule, irá mutando, y cada nuevo cambio es un número más que compramos para la lotería de la variante que se escape de los anticuerpos que ya hemos generado. No es probable que ocurra, pero tampoco imposible (la nueva variante mu ya lo hace un poco), y si tuviéramos mala suerte, deberíamos volver a comenzar la campaña de vacunación e incluso los confinamientos. Mejor no jugársela. Lo que queda de pandemia será una carrera entre vacunaciones y mutaciones, y tenemos que hacer todo lo posible para no perderla.

¿Qué medidas deberíamos tomar a partir de ahora? Primero, celebremos que ha funcionado lo hecho y que la situación en nuestro país es buena, que nos lo merecemos. Esto significa relajar restricciones, como ya ocurre, con prudencia y con un ojo puesto en la curva de contagios, por si hay que corregir el rumbo. Continuemos vacunando tan rápido como podamos y procuremos convencer a los indecisos y, a nivel personal, actuemos con la máxima prudencia, que es siempre lo más eficaz. Finalmente, también tenemos que aprovechar los momentos de relativa calma como los actuales para planificar la respuesta a posibles escenarios futuros, antes de que nos cojan por sorpresa.

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En este contexto, el ‘conseller’ Josep Maria Argimon acaba de anunciar la creación de un comité científico independiente para asesorar al Govern catalán en todo lo relativo a la pandemia. Una treintena de profesionales de ámbitos diversos, entre los que tengo el honor de incluirme, nos reuniremos periódicamente bajo la presidencia de la doctora Magda Campins para estudiar la situación y proponer recomendaciones que ayuden a los políticos a elegir el camino a seguir. La iniciativa llega tarde (cada gobierno debería haber tenido un comité así desde el primer día de la crisis), pero igualmente es una buena noticia. Todavía queda mucha pandemia, y más vale que los líderes escuchen a un panel representativo de expertos, de sensibilidades diversas e incluso contrapuestas en algunos casos, que puedan decir lo que piensan sin estar influidos por un sueldo o por la necesidad de quedar bien. Esperamos poder ayudar a navegar las incertidumbres que se nos acercan.

Ojalá este comité y otros similares no tengan una vida corta. Tras el covid-19 habrá que preguntar a los que entienden para podernos preparar para los próximos retos. Porque de retos, como este o peores, seguro que habrá más. Se trata de no volver a repetir los mismos errores.

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