Salud personal Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La longevidad está de moda

Hay series de televisión que afirman que muy pronto todos viviremos 150 años. Que pronto la muerte será un dilema: quiero morir o no

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Kane Tanaka, reconocida por el Guinness como la mujer más longeva del mundo.

Kane Tanaka, reconocida por el Guinness como la mujer más longeva del mundo. / WORLD GUINNESS

Recibo un correo electrónico que dice que un señor leonés de 112 años y 211 días es el nuevo español más longevo (no dicen 'viejo': es importante) según el 'Libro Guinness de los Récords'. Se llama Saturnino de la Fuente García. La persona viva más anciana es una japonesa: Kane Tanaka, de 118 años. Y la que más ha vivido de todos los tiempos fue Jeanne Louise Calment, una francesa que murió a los 122 años y 164 días. Leo todo esto en el día mundial de la gente mayor, qué preciosa coincidencia.

La longevidad está de moda. Hay series de televisión que afirman que muy pronto todos viviremos 150 años. Que pronto la muerte será un dilema: quiero morir o no (y si no, ¿qué?, me pregunto yo, que por nada del mundo quisiera ser eterna). Los 80 son los nuevos 30, dicen. En cambio, los neurólogos afirman que la vejez empieza a los 29 años, cuando comenzamos a perder neuronas. Miles cada día. Me da vértigo pensar cuántas neuronas he perdido (en realidad, no quiero saberlo). Prefiero la teoría que dice que la vejez depende de las articulaciones y empieza a los 68. Aunque hay quien avanza la cosa a los 60. Supongo que todo depende de cada uno, de sus articulaciones y de su estado de ánimo. O de su proyecto de vida. Hay quien dice que vivir mucho depende de mantenerse ocupado (en algo agradable, se entiende). 

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Mi amiga Diane, que es una sabia de 74 años, dice que hay que tener amigos de todas las edades, si es posible uno de cada década, y, sobre todo, más jóvenes que tú. Así tienes menos posibilidades de quedarte más solo que la una porque se te han muerto todos los amigos. Yo soy su amiga de la década de los 70 y, por ahora, no preveo morirme. 

A mí me parece que hay dos modos de llegar a vieja: cabreada o tranquila. No digo que la vejez no sea un buen motivo para cabrearse ("La vejez no es para mariquitas", dijo Bette Davis, que creo que estaba bastante cabreada). Saturnino, nuestro leonés longevo, afirma que su secreto ha sido "llevar una vida tranquila y no hacer daño a nadie". Pues ya saben.