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Cada uno con su drama

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Sebastien Thill, del Sheriff Tiraspol, celebra su segundo gol con sus compañeros.

Sebastien Thill, del Sheriff Tiraspol, celebra su segundo gol con sus compañeros. / JUAN MEDINA (REUTERS)

La derrota del equipo de Ancelotti en el regreso de la Champions al Bernabéu frente a la teórica «cenicienta de cenicientas» ,ese equipo de un país que ni conocíamos y que todos querían en el sorteo, provocó la mofa de los aficionados culés y atléticos. De 100 partidos que enfrentasen a Real Madrid y Sheriff, el equipo blanco ganaría 99. Pero va y pierde el de casa en Champions. ¿Eran este tipo de partidos (y rivales) los que había que evitar en la Superliga?

Hubo cabreo de los aficionados pero sin dramatismos. Al fin y al cabo el equipo había tirado a puerta 30 veces y solo la actuación del griego Athanasiadis, junto con un disparo soberbio de Thill cumplido el minuto 90 dio la victoria al Sheriff. ¿Un accidente? Tan cierto como que el Madrid permitió a un equipo valiente pero limitado jugar en el Bernabéu como si estuviese en el jardín de su casa.

Miércoles negro para el Barça

Ancelotti deberá mejorar mucho su sistema defensivo (desde Casemiro hacia atrás) si no quiere repetir susto. Eso sí, los límites salariales confirmados por la Liga el miércoles propusieron una nueva tabla clasificatoria donde el Real Madrid sale campeón y por goleada incrementando su límite en un 56%. Una noticia que amortigua el disparo del Sheriff y que precedió a la otra catástrofe de Lisboa.

Miércoles negro para el Barça, séptimo en esa tabla de límite salarial, convertido de un plumazo en un equipo pequeño al verse recortado en más del 70% en esa lista donde Real Madrid y Barcelona tradicionalmente sacaron su músculo frente al resto. Un subidón para los blancos que se sienten poderosos mientras las grúas levantan el nuevo estadio.

Unidos solo por la Superliga

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Y después lo de Lisboa. Esa sensación de ver languidecer a este Barça en lo deportivo y económico que tanta sorna provoca en Concha Espina. La vieja teoría de los vasos comunicantes en cuanto a Real Madrid y F.C. Barcelona sigue más vigente que nunca. El entorno feliz o infeliz de ambos depende en cierta medida de cómo le vaya al otro.

Solo hay algo que ha roto el principio físico. Se llama Superliga. Ahí uno no mira de reojo al otro porque van de la mano. El líquido está en el mismo tubo. Poderoso caballero...