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Aeropuerto: punto y seguido

Se nos va la ampliación sin la posibilidad de, tan siquiera, debatir abiertamente acerca de su conveniencia

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Avión despegando desde la tercera pista del aeropuerto de El Prat

Avión despegando desde la tercera pista del aeropuerto de El Prat / Ferran Nadeu (EPC)

El proceso de discusión de la propuesta de ampliación del aeropuerto de Barcelona ha resultado inaudito. Desde el inesperado anuncio inicial por parte de Aena de una inversión de hasta 1.700 millones de euros, a la sorpresiva y contundente decisión del Gobierno español de aplazar el proyecto durante, por lo menos, cinco años. Entre medias, unas semanas en que emergieron con toda claridad las recurrentes contradicciones de la política catalana y el rechazo de parte del Govern de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona. 

Así, en un clima de postureo fotográfico, regañinas mutuas y nula información al ciudadano, se nos va la ampliación sin la posibilidad de, tan siquiera, debatir abiertamente acerca de su conveniencia. Tras décadas reclamando insistentemente, desde Catalunya, convertir el aeropuerto del Prat en un 'hub' intercontinental, llegado el momento la cuestión se aparca en un visto y no visto. Y tan tranquilos.

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Ninguna persona sensata puede esperar que, en nuestros días, una inversión de estas características no genere incertidumbre. Por ello, en una sociedad sensibilizada como nunca por el futuro del planeta, una ampliación aeroportuaria que, además, afecta a parte de un espacio natural, demanda de un prolongado proceso deliberativo, abierto e informado. Una discusión liderada por los poderes públicos, en que tengan cabida todas las voces y argumentaciones. Solo así se podrán superar lecturas simplistas e interesadas de un proyecto tan complejo como trascendental. Y si, finalmente, el sentir ciudadano rechaza la ampliación, su decisión estará sustentada. Pero no ha sido así.

A los catalanes se nos ha usurpado este debate. Y no podemos aceptarlo. Por encima de la voluntad de debatir la propuesta de Aena han prevalecido los intereses partidistas e inmediatos de unos y otros partidos. Cuando, curiosamente, estamos hablando de un proyecto de todos y a largo plazo. Por ello, nada de punto y aparte durante cinco años. Punto y seguido y lo antes posible.