Editorial Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Alemania: cambio y continuidad

El deseo de seguir por la senda de Merkel confiere un plus a Scholz para formar Gobierno y minimiza en la UE las incertidumbres tras la retirada de la cancillera

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Olaf Scholz, líder del SPD, tras conocer los resultados.

Olaf Scholz, líder del SPD, tras conocer los resultados. / Reuters / Wolfgang Rattay

El resultado de las elecciones legislativas celebradas el domingo en Alemania obliga a esperar largas y complejas negociaciones para que vea la luz un Gobierno dirigido por un canciller que disponga de mayoría parlamentaria. Tanto por las coaliciones posibles como por la tradición histórica en virtud de la cual el pacto para la investidura solo es posible si descansa en la concreción de una mayoría parlamentaria estable con un programa detallado para toda la legislatura. Esto es, se antoja impensable que salga adelante una coalición que, una vez elegido el canciller, condene al Gobierno a estar en minoría y a tener que pactar cada paso que dé –en especial el presupuesto– con fuerzas no representadas en el Ejecutivo, como sucede por ejemplo en España.

De las tres coaliciones posibles, parece muy improbable una reedición de la saliente con los papeles cambiados: Olaf Scholz, del SPD, canciller, y Armin Laschet, de la CDU, su segundo de a bordo. Las otras dos son las que cabe considerar como las únicas verosímiles: la semáforo (socialdemócratas, verdes y liberales) y la Jamaica (conservadores, verdes y liberales). La primera la configuran los partidos ganadores –los tres mejoraron los resultados de hace cuatro años–, pero debe enfrentar la distancia programática entre el SPD y los liberales en materias tan relevantes como la política fiscal y la transición energética. La segunda elude este problema, pero complica el encaje ecologista porque a pesar de que todos los partidos llevaron en sus manifiestos electorales la lucha contra la emergencia climática, las diferencias entre los liberales del FDP y Los Verdes son más que considerables.

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No es aventurado decir que la salida del laberinto puede tener que ver finalmente con la situación personal a la que llegan Scholz y Laschet, muy reforzado el primero dentro de su partido por el 'sorpasso' del domingo y muy debilitado el segundo por la pérdida de más de ocho puntos en relación con el resultado de 2017. En el seno del conglomerado CDU-CSU han empezado a oírse voces que exigen un rejuvenecimiento de la dirección y Markus Söder, el presidente del 'land' de Baviera, ha rescatado del archivo su convencimiento de que él era el candidato adecuado para transmitir la idea de continuidad que los electores han interpretado que representa Scholz. Y ese es, en última instancia, un factor esencial para deducir qué posible coalición es más viable: el hecho de que los votantes han entendido que el más merkeliano de los candidatos es el aspirante socialdemócrata.

Dicho de otra forma: el deseo de seguir por la senda fijada por Angela Merkel y la sensación de que la coalición Jamaica estará sujeta a tensiones confiere un plus razonable a Scholz y, de paso, minimiza en la Unión Europea las incertidumbres inevitables que abre la retirada de la cancillera. No solo porque ha sido una ejecutora esencial en las iniciativas para superar la crisis económica provocada por la pandemia, sino porque la robustez europea requiere de una Alemania predecible al frente de las reformas indispensables que se prevén en los próximos años en el ciclo productivo para una economía verde. Pocas veces la doble realidad de cambio de personas y deseo de continuidad en la gestión ha ido tan emparejada como en la sucesión de Merkel.