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Diálogo en Catalunya, ¿para cuándo?

El auténtico problema es que el independentismo no asume que se trata de entrada de un conflicto entre catalanes, e insiste en hablar siempre en nombre de toda Catalunya.

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Aragonès e Illa durante el debate de política general en el Parlament.

Aragonès e Illa durante el debate de política general en el Parlament. / Enric Fontcuberta (EFE)

Salvador Illa ha recordado a Pere Aragonès que el compromiso que los republicanos alcanzaron con los socialistas para la investidura de Pedro Sánchez incluía diversos instrumentos de coordinación, no solo la famosa mesa de diálogo, negociación y acuerdo político entre el Gobierno de España y el Govern de la Generalitat. El texto firmado en enero de 2020 apostaba por potenciar en paralelo otros espacios institucionales y parlamentarios, entre los cuales, la Comisión Bilateral Generalitat-Estado, recogida en el Estatut, y una mesa de partidos en el Parlament de Catalunya. La polémica mesa entre gobiernos, bloqueada muy pronto por la crisis en el Ejecutivo de Quim Torra, se volvió a poner en marcha hace unas semanas, aunque en el último momento Junts se autoexcluyó y dejó al president Aragonès representando solo a ERC. La Comisión Bilateral para avanzar en las cuestiones prácticas del autogobierno también retomó la actividad este verano tras muchos años de parálisis por culpa del 'procès'. Pero de lo que el independentismo no quiere ni oír hablar es de la mesa de partidos catalanes. En julio pasado, el PSC presentó una moción para constituir un espacio en Catalunya donde acordar los grandes temas del diálogo, pero tanto posconvergentes como republicanos la rechazaron de lleno con el falaz argumento de que “entre catalanes no hay ningún problema”. Y es que, ya saben, aquí luce un “gran consenso” a favor de la amnistía y la autodeterminación.

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El auténtico problema es que el independentismo no asume que se trata de entrada de un conflicto entre catalanes, e insiste en hablar siempre en nombre de toda Catalunya. En octubre de 2017 íbamos de cabeza a un enfrentamiento civil si Carles Puigdemont hubiera intentado materializar la secesión. En su intervención del día 10 ante el Parlament, entre las razones para suspender aquella extraña declaración suya de independencia, aludió a que la paz entre catalanes estaba en peligro. Por eso, en el imprescindible diálogo tienen que participar todos los partidos catalanes. Solo así avanzaremos en acuerdos que no sean divisivos ni estériles.