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Mi linchamiento tuitero

Como recogió la prensa transalpina, el abogado italiano de Puigdemont advirtió también muy claramente de que esto no se ha acabado. Y esa es la realidad

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Carles Puigdemont en el Encuentro Internacional de Adifolk, en L’Alguer, el 25 de septiembre, tras su detención.

Carles Puigdemont en el Encuentro Internacional de Adifolk, en L’Alguer, el 25 de septiembre, tras su detención. / YARA NARDI (REUTERS)

El pasado fin de semana pasado fui sometido a un linchamiento en Twitter. Todo fue como consecuencia de una entrevista en Versió RAC-1 en la que, entre otras hipótesis, planteé la posibilidad de que Carles Puigdemont sea finalmente entregado a España por la justicia italiana. Expliqué, en aquella entrevista y también en un artículo en este diario, cuál habría de ser en ese caso la defensa de quien creo desde hace cuatro años que, más allá de una posible desobediencia, no ha cometido ningún delito y cuyo exilio me parece atroz, como cualquier exilio.

Pese a que todo lo anterior ni mucho menos es desfavorable al 'expresident', al plantear dudas sobre la “estrategia del exilio” varios oyentes, jaleados por Josep Costa y otras personas del entorno de Puigdemont, aprovecharon para intentar una campaña de desprestigio de mi valía profesional, diciendo –argumentando seria decir demasiado– que al ser puesto en libertad con rapidez el 'expresident', yo me había equivocado completamente y hasta que salía en los medios por cuota de algún partido. Agradecería que me dijeran cuál, para enterarme yo.

Lo curioso del caso es que en esa misma entrevista –que conviene escuchar entera– dije que Puigdemont sería puesto en libertad de inmediato. En aquel momento, sin ver aún la resolución del juez italiano, por las declaraciones de Josep Lluís Alay pensé que el juez le habría impuesto como medida cautelar la prohibición de salir de Cerdeña, pero no fue así, sino que al parecer la defensa del 'expresident' se comprometió a comparecer ante el tribunal para evitar precisamente las medidas cautelares. Digo al parecer, porque ese punto sigue sin estar aclarado. Adicionalmente argumenté que el caso no está cerrado y que Puigdemont aún podría ser entregado, apuntando como posibilidad –que le favorece– que el tribunal italiano deje en suspenso su decisión hasta que el Tribunal General de la Unión Europea se pronuncie definitivamente sobre la retirada de su inmunidad.

Y esa es la situación a día de hoy. Han abundado los análisis en los que se decía una misma cosa y la contraria sobre un procedimiento que para mí personalmente, y para cualquier otro jurista con conocimientos en materia de euroórdenes –no hay demasiados– no tenía demasiados secretos y que vuelvo a explicar, a ver si por fin se entiende. Lo que está suspendido no es el proceso contra Puigdemont ni contra el resto de exiliados, sino solamente la euroorden que fue cursada a Bélgica, en espera de que se resuelva una cuestión prejudicial planteada ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea que intenta evitar que los jueces belgas vuelvan a rechazar la euroorden. Y por ello, el Tribunal Supremo, como lo ha hecho, ha cursado una nueva euroorden ante los jueces italianos, que no es la misma que la cursada ante los jueces belgas, pese a que el Tribunal Supremo, incurriendo en uno más de una larguísima cadena de absurdos errores, afirmara desde un flagrante desconocimiento lo contrario.

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Existe hace ya tiempo una orden de detención internacional contra Puigdemont, y esa es la que hizo practicar en el aeropuerto la detención a la policía italiana y, subsiguientemente, provocó que el Tribunal Supremo cursara la nueva euroorden. Y esa euroorden debe ser resuelta. Sería fácil apuntarme al carro de la mayoría y decir que el tribunal italiano va a rechazar esa euroorden con cajas destempladas, pero lo cierto es que no lo sé. Nadie lo sabe. Y los abogados de Puigdemont, que pueden ser cualquier cosa menos ingenuos, lo saben bien y por eso se están encargando a pleno rendimiento de preparar la defensa del 'expresident' para el 4 de octubre, porque saben que las cosas pueden torcerse. Como recogió la prensa italiana, el abogado italiano de Puigdemont advirtió también muy claramente de que esto no se ha acabado. Y esa es la realidad.

Lo que han intentado conmigo es triste, pero no voy a engrosar la larguísima lista de enemigos de Puigdemont. Seguiré defendiendo públicamente la libertad del 'expresident' igual que lo he hecho durante cuatro años con los otros acusados, jugándome mi prestigio profesional frente a muchísimos juristas españoles que no piensan como yo. Seguiré intentando, ojalá que no en vano, que la gente no entienda únicamente lo que ideológicamente quiere oír.

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