Editorial Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

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Editorial | Las listas de espera: el problema

La pandemia del covid-19 ha impactado de manera contundente en el sistema sanitario, desde la inicial saturación de las UCI, que ha sufrido variaciones en función de la intensidad de las oleadas, hasta la repercusión en la atención primaria, el eslabón más débil y sobre el que ahora recaen las consecuencias de una situación que ha llevado la sanidad al borde del colapso. De entre los datos que certifican que las costuras del sistema han vivido momentos críticos, destaca la cifra del 60% de aumento de las listas de espera entre diciembre de 2019 y mayo de 2020. La práctica paralización de los hospitales, centrados en la lucha contra la pandemia, tuvo un efecto dominó en el resto del sistema, que ya llegaba tocado a causa de los recortes sufridos en sanidad desde 2010. 

La problemática se cifra tanto en las propias listas como en la demora en el tiempo en que se llevan a cabo pruebas diagnósticas, visitas a los especialistas o intervenciones quirúrgicas. En el primer caso, el porcentaje ha descendido en relación al período más dramático (2020), pero sigue siendo altísimo si lo comparamos con la etapa anterior a la pandemia. Para acceder a colonoscopias, mamografías u otros sistemas de diagnóstico, ahora se tarda un 38’7% más que en 2019, cuando la cifra ya era alta de por sí. Las visitas a especialistas es el único parámetro estabilizado, mientras que la cirugía sigue ofreciendo peores datos que hace dos años. 

Una de las preocupaciones de los profesionales médicos es el infradiagnóstico, es decir, todas aquellas enfermedades que, de alguna manera, han quedado postergadas por el covid-19 o que están latentes o cuya eclosión se verá influida por la pandemia. La organización Metges de Catalunya denuncia que «no hay gente nueva que entre en las listas de espera» y, en consecuencia, habla de una «futura explosión de patologías que emergerá los próximos meses y años: cardíacas, oncológicas, neurológicas, diabetes, hipertensión». Contando, además, con la presencia de los enfermos por covid persistente (entre un 15% y un 20% de los que han sufrido la enfermedad), un nuevo factor a tener en cuenta. 

Desde el propio Servei Català de la Salut, se reconoce la situación. La directora, Gemma Craywinckel, declara a EL PERIODICO que «deberíamos estar detectando más de lo que detectamos», al tiempo que habla de «una pérdida de pacientes», en especial los crónicos, por falta «de accesibilidad» a un sistema que también reclama «longitudinalidad», el seguimiento específico a cargo de un mismo equipo de profesionales. Uno de los otros déficits es el diagnóstico precoz en determinadas patologías que exigen intervenciones rápidas, con lo cual corremos el riesgo de que se agudicen las tensiones ya existentes.  

Siendo prudentes y sin levantar la guardia, cuando la crisis provocada por la pandemia parece que remite –en atención, sobre todo, a los últimos datos hospitalarios, a la velocidad de propagación y a la afectación de unidades de cuidados intensivos– conviene poner un énfasis especial en la base del sistema sanitario público. Desde CatSalut se anuncia un plan presupuestario para paliar las listas de espera, con un fortalecimiento de la atención primaria, verdadera piedra de toque de la salud comunitaria. No solo se trata de hacer frente a una emergencia en cierto modo controlada sino de procurar ir más allá y detectar a tiempo patologías que ahora han quedado, por desgracia, en un segundo plano.