REGRESO AL FUTURO

Ni plan A, ni plan B: Xavi, el plan de Font

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Ni plan A, ni plan B: Xavi, el plan de Font

KARIM JAAFAR (AFP)

Hubo una época en la que Joan Laporta iba a fichar a David Beckham y acabó presentando a Rüstü Reçber. Ahora, poco a poco o de sopetón, porque lo que le está ocurriendo a Laporta es todo de sopetón, nos vamos enterando que para ser presidente del Barça solo necesitó tres cosas: una lona (creo que el autor aún está esperando la recompensa), la promesa de que Leo Messi seguiría (vale, sí, que lo intentaría, pero “con estos dos, seguro que no seguirá”) y él, que ya de por sí encanta a muchos culés. O socios.

Luego nos enteramos, también de sopetón, que no había plan A, ni plan B. Es más, como no tenía dinero para poder afrontar el aval (ni él ni muchos de sus directivos), tuvo que entregarse a poderosos avalistas y hasta llegar a la famosa madrugada en la que los 'riquitos' de Audax Renovables, José Elías y Eduard Romeu, pudieron cumplir sus sueños (y espera). José, el del helicóptero, ayudar a su socio a llegar al Barça (veremos si a la presidencia) y Eduard, mandar.

Sin control alguno

Ya ven, Eduard manda tanto, tanto, y tiene tan agarrado a Laporta que hasta se permite el lujo, no solo de acudir por las noches a las emisoras de radio que quiere sin permiso del club ni de su Dircom, sino que, además, cuando concede entrevistas se hace fotografiar en su despacho de Audax Renovables para que se vea donde está el dinero, quien lo pone y quien es. Hay quien dice que esa foto no tiene otro sentido que “hacer publicidad de su empresa ante los culés para ver si recupera el coste del aval”. No sé qué hubiésemos escrito si Florentino Pérez hubiera presentado a Eduardo Camavinga en su despacho de ACS.

Sin plan A, ni plan B, Laporta vive inmerso en un recital de apariciones televisivas (en Cádiz atendió hasta a tres cadenas y siguió añadiendo confusión a la crisis), permitiendo que Enric Masip vaya disparando a todo lo que se mueva por tierra, mar y aire y no pudiendo impedir, insisto, que su principal avalista vaya haciéndose un nombre (sin control) para aspirar algún día a la presidencia o, simplemente, heredarla cuando todos los fusibles que sostienen al carismático presidente se fundan.

Echevarría, el pacificador

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Porque es evidente que alguien que, según él, lo tenía todo planeado, no debería, a los pocos meses de hacerse cargo de la presidencia, echar mano del manual de uno de los adversarios derrotados en las urnas para salvar (o intentarlo) la primera pelota de partido. Cuando Xavi Hernández iba con Víctor Font, no servía. Ahora es el mesías, el ‘nuevo Pep’, significa el regreso al ADN blaugrana, ya saben, puro cruyffismo. Y, además, y eso es vital, con un poderoso lobby periodístico que lo defenderá a capa y espada, nada que ver con la amistad que une a Ronald Koeman con Lluis Canut, al que maltratan en su propia casa, TV-3.

Y para que lo sepan (y no quiero, no, volver a la Fundación Francisco Franco), el ‘hombre bueno’ que ha logrado que Laporta aprecie a Xavi y que Xavi renuncie a un montón de cosas para fichar por el Barça se llama Alejandro Echevarría, excuñado del presidente. Echevarría llama a Xavi y le dice que confíe. Y Xavi confía.

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