EN CLAVE EUROPEA

El liderazgo europeo tras Merkel

El método de la cancillera alemana en la UE de compromisos a corto plazo sin visión global y de aparcar los temas más conflictivos no sirve ante los actuales retos geopolíticos, democráticos, socioeconómicos y de cambio climático. Pero toda decisión en la UE seguirá requiriendo la aprobación de Alemania

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La cancillera alemana, Angela Merkel, con el presidente francés, Emmanuel Macron, en el Elíseo el pasado 16 de septiembre.

La cancillera alemana, Angela Merkel, con el presidente francés, Emmanuel Macron, en el Elíseo el pasado 16 de septiembre. / GONZALO FUENTES / REUTERS

La cancillera alemana, Angela Merkel, se retira, pero cualquier decisión en la Unión Europea (UE) deberá seguir estando respaldada por Alemania. Por ello, resulta negativo que la UE haya sido el gran ausente de la campaña electoral alemana y que la política exterior y defensa sólo se abordó en el debate televisivo del 23 de septiembre, con respuestas poco precisas de los candidatos. Los presidentes franceses habitualmente formulan las grandes iniciativas europeas, mientras que los cancilleres alemanes pisan el freno, señala Luuk van Middelaar, historiador y exasesor del Consejo Europeo.

Merkel ha ejercido de líder de facto de la UE desde enero de 2007, al inicio de la presidencia semestral alemana. Merkel, que se había estrenado como cancillera en noviembre de 2005, puso fin a la parálisis de la UE causada por el rechazo a la Constitución europea por Francia y Holanda en el referéndum de 2005. Merkel venció la resistencia británica y polaca e impulsó el actual Tratado de Lisboa, que recoge gran parte de las reformas políticas del fallido proyecto constitucional.

Su papel de líder de la UE es fruto de gobernar durante 16 años el país europeo más poderoso económicamente, de subrayar la primacía de Berlín en el eje franco-alemán y de la preferencia de las grandes potencias ––Estados Unidos, China, Rusia y Japón–– por tratar directamente con la cancillera, soslayando a los representantes de la UE, como los presidentes de la Comisión Europea y del Consejo Europeo.

La habilidad de Merkel para equilibrar con compromisos posiciones divergentes y aparcar temas conflictivos ha generado su imagen de conciliadora y preservadora de la unidad de la UE. Al aprobar la emisión de deuda común europea para superar la crisis de la pandemia, ha hecho olvidar su intransigencia con la política de austeridad que agravó el impacto en la UE de la crisis financiera y recortó su capacidad de inversión.

El interés nacional alemán definido en términos económicos ha guiado la actuación de Merkel en la UE, desde los acuerdos económicos con China y Rusia a su desinterés por la defensa europea y a su pasividad ante el desarrollo de regímenes autoritarios en la UE porque eran piezas clave del sistema industrial alemán. 

El método Merkel ha sido criticado por intelectuales, académicos y personalidades políticas alemanas, como Jürgen Habermas, Navid Kermani y Helmut Schmidt, debido a su extremo cortoplacismo y ausencia de visión a largo plazo. El “merkelismo”, resolver a corto plazo los problemas políticamente oportunos de abordar y aparcar el resto, ha mantenido la unidad de la UE, pero la ha debilitado política, económica y tecnológicamente. Este método no sirve para afrontar los retos actuales de la UE: los riesgos geopolíticos externos, el autoritarismo dentro de la UE, la revisión de las reglas económicas en un entorno incierto y la transformación socioeconómica ante el cambio climático, señala el European Council for Foreign Relations.

Parálisis política

La retirada de Merkel y el periodo electoral alemán están creando ya una parálisis política en la UE, que se mantendrá hasta que no haya un nuevo Gobierno en Berlín. Probablemente el nuevo Ejecutivo requerirá la suma de tres partidos, lo que alargará las negociaciones. En los comicios de 2017 hicieron falta casi seis meses para formar la actual gran coalición.

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El presidente francés, Emmanuel Macron, con la presidencia semestral europea y elecciones el próximo semestre, aspira a un mayor protagonismo para impulsar la autonomía estratégica y flexibilizar las reglas de déficit público. Macron puede contar con Italia y España, pero dependerá del nuevo canciller y de qué partidos componen el Gobierno. Si incluye al líder del partido liberal (FDP), Christian Linder, acérrimo defensor del ajuste presupuestario, difícilmente se flexibilizará el pacto de estabilidad, suspendido temporalmente por la pandemia. Macron choca con su falta de apoyos en los socios del Este, que lo consideran prorruso y que sólo confían en la defensa norteamericana a través de la OTAN. Las reformas económicas de Macron también tropiezan con los autodenominados frugales (Holanda, Austria, Dinamarca y Suecia).

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, podría mostrar más iniciativa y autonomía política tras la retirada de su mentora Merkel. Pero si su partido democristiano (CDU), que la considera demasiado poco conservadora, queda fuera del Gobierno alemán, Von der Leyen podría encontrarse con una oposición combativa de la CDU en el Parlamento Europeo.