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La victoria póstuma de Merkel

La cancillera ha conseguido vencer los temores históricos de la opinión pública europea frente a Alemania y consolidarla como un “socio fiable”

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Angela Merkel junto a Emmanuel Macron en su última visita a la capital francesa.

Angela Merkel junto a Emmanuel Macron en su última visita a la capital francesa. / AFP

Con independencia del desenlace de las elecciones generales alemanas del domingo, Angela Merkel (Hamburgo, 1954) se retirará de la escena política europea con una victoria póstuma. La cancillera, que ha revalidado su mandato en cuatro legislaturas (2005-2021), se ha impuesto en sus 16 años de gobierno como la líder política de referencia de la Unión Europea (UE) y como la mujer más prestigiosa de la escena global: la revista ‘Forbes’ la ha designado catorce veces como la más influyente del mundo, del 2006 al 2020, salvo en 2010.

Merkel, hija de un pastor protestante de Alemania del Este y física de profesión, no tiene el carisma político de los padres del euro, empezando por Helmut Kohl, su mentor político, pero pese a su perfil más tecnocrático y austero no ha cambiado de chaqueta ni ideológica ni físicamente (así lo reflejan sus trajes). Acusada de ‘austericida’ al inicio de la crisis económica de otoño del 2008, período en el que recibió incluso el apodo de ‘Merkiavelo’, sorprendió a propios y extraños al abrir las fronteras a los refugiados en septiembre del 2015.

En concreto, en un acto de la CDU en Colonia, afirmó la noche del 4 de septiembre en plena crisis de los refugiados: “Todo individuo que huye de su país porque es perseguido o se encuentra en peligro tiene derecho a pedir el asilo, y es nuestro deber darle una respuesta”. La foto del pequeño Aylan Kurdi –un niño kurdo de tres años ahogado en una playa turca, publicada el día anterior– se había convertido en la imagen de aquella tragedia humanitaria.

“Alemania es un país fuerte. La idea que debemos tener en mente es ésta: lo conseguiremos (‘Wir schaffen das’). Sí, lo conseguiremos, como cada vez que un obstáculo se levanta en nuestro camino, y que debemos superarlo”, afirmó días después ante las críticas de sus correligionarios de la CDU y de la CSU bávara que temían que Alternativa por Alemania (AfD), de perfil xenófobo y antieuropeo, capitalizase electoralmente la decisión de la canciller. Su ‘Wir schaffen das’ sería el símbolo de la política humanitaria de Merkel en aquel otoño del 2015.

Merkel sumaría el 41% de votos frente al 14% del presidente francés en unas elecciones europeas, según un sondeo realizado en doce estados miembros

Los mismos sectores progresistas que siete años antes habían arremetido contra la austeridad que pregonaba la canciller elogiaron entonces su opción humanitaria. ¿Con qué Merkel hay que quedarse? Las dos son la cara y la cruz de una misma moneda: está forjada en la ética protestante, sobre la que teorizó Max Weber, en una pugna constante entre la ética de la convicción, anclada en los principios, y la ética de la responsabilidad, que considera que el criterio último ha de fundamentarse en las consecuencias de la acción.

Más allá del análisis teórico, en la práctica la opinión pública europea no solo avala el balance que deja Merkel sino que prefiere su perfil más tecnocrático al discurso más visionario de Emmanuel Macron, el otro motor del llamado eje franco-alemán. Así se desprende de un sondeo que el European Council on Foreign Relations (ECFR) ha realizado entre 16.000 ciudadanos de la UE, repartidos en doce estados miembros: Alemania, Austria, Bulgaria, Dinamarca, España, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia, Portugal y Suecia.

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Este ‘think tank’ progresista, con George Soros entre sus patrocinadores, advierte que “contrariamente a lo que se producía en el pasado, el poder y la prosperidad de Alemania contribuyen hoy a su imagen de socio fiable”. Así lo constatan Piotr Buras y Jana Puglierin en su informe sobre la encuesta: “La opinión pública europea parece estar mucho menos preocupada por una toma del poder de Alemania en las instituciones de la UE que las élites de Bruselas”.

La pregunta clave: ¿Si se celebrasen unas elecciones a la presidencia de la UE y tuviera que escoger entre Merkel y Macron, por quién votaría? La respuesta es contundente: la cancillera sumaría el 41% de votos frente al 14% del presidente francés. De norte a sur, de este a oeste, Merkel se impone en todos los frentes... Y un dato revelador: lograría la mayoría absoluta tanto en los ‘frugales’ Países Bajos (58%) como en España (57%) y Portugal (52%). En resumen, la continuidad de Merkel –crisis de la eurozona, de los refugiados, del Brexit, de la pandemia…– la consolida como un pilar de la UE frente a su inestable socio francés: ha visto pasar a cuatro presidentes (Chirac, Sarkozy, Hollande y Macron).