Editorial Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

La Mercè de la ilusión

La esperanza ante la posibilidad de salir del túnel de la pandemia ya nos jugó malas pasadas en ocasiones anteriores: la fiesta debe seguir siendo responsable

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’Diables’ durante el Toc d’Inici de las fiestas de la Mercè en la plaza de Sant Jaume, este jueves.

’Diables’ durante el Toc d’Inici de las fiestas de la Mercè en la plaza de Sant Jaume, este jueves. / Ferran Nadeu

Las fiestas de la Mercè pueden ser un momento para mirar a nuestro alrededor y tantear el pulso de Barcelona. Para muchas generaciones de sus vecinos, desde que los ayuntamientos democráticos convirtieron una celebración oficial encorsetada en una fiesta verdaderamente popular, los actos de la Mercè han sido básicamente la despedida por todo lo alto del verano, más que un momento de reflexión o debate sobre el estado de la ciudad. Pero siempre hemos sido conscientes de hasta qué punto la fiesta reflejaba también el estado de ánimo colectivo, crispado o conciliador, deprimido o eufórico, expansivo o inmerso en penurias y dudas. Y este año no será distinto. 

En 2020 una Mercè en formato compacto, reducida a lo imprescindible, tuvo como gran objetivo -y lo logró- simplemente que se pudiese celebrar, sorteando una segunda ola que aún estaba cogiendo fuerza. Pasará al recuerdo por un novedoso piromusical descentralizado pensado para abarcar toda la ciudad y ser observado desde balcones y terrazas que fue aplaudido hasta el punto de que este año se repetirá la fórmula, a pesar de que a priori suponía la antítesis de la fiesta en la calle. Aquella fue una Mercè festiva pero también de duelo, de miedo, de precauciones y de improvisación de nuevas formas de convivir.

La Mercè del 2021, aunque aún no pospandémica, será la de la ilusión ante la expectativa de regresar a la normalidad, con actos abiertos (pero con aforo restringido), con el repertorio festivo al completo, sin restricciones horarias nocturnas pero aún con la necesidad de impedir que las aglomeraciones se conviertan en un riesgo sanitario. La aspiración a la normalidad no se circunscribe a lo epidémico: también a la normalidad institucional, con la poco habitual asistencia de los presidentes de la Generalitat y el Parlament al acto que marca el inicio de las fiestas y una unanimidad, que no se ha conseguido muy a menudo, en torno a la figura de la pregonera, la activista vecinal Custodia Moreno. E incluso sobre el diseño del cartel de las fiestas, convertido en objeto de colección. 

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El desarrollo de este fin de semana festivo también chequeará si de esta nueva realidad en proceso de desescalada pasan a formar parte las aglomeraciones masivas para consumir alcohol al aire libre. Un desahogo tras demasiados meses de escasa interacción social para los jóvenes pero aún incompatible con las normas sanitarias que es prudente que sigamos cumpliendo. Seguramente, el balance final de las fiestas dependerá casi exclusivamente de hasta qué punto en las noches de la Mercè se repiten o no las escenas irresponsables de las fiestas de Gràcia y Sants y el dispositivo policial dispuesto consigue encauzar los excesos que puedan desarrollarse en el espacio público.  

La ilusión por salir del túnel de la pandemia de forma precipitada ya nos jugó malas pasadas en otros momentos. Esa esperanza no nos debería llevar a olvidar que aún no la hemos dejado atrás. Estaría bien en cambio que ese optimismo razonable por superar el duro camino que hemos recorrido se reproduzca también a la hora de encarar los muchos retos que tiene por delante la ciudad. Con afán de superación, ambición y responsabilidad, disposición a unir esfuerzos y ejerciendo la combinación de espíritu crítico y orgullo ciudadano que nunca debería dejar de caracterizar a Barcelona.