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Datos, acceso y transparencia

El lema actual del mundo digital sería "sin datos no existes". No hace falta referirse a sectores económicos estratégicos; tomemos el mundo de las redes sociales, donde las analíticas son su valor más preciado

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Datos, acceso y transparencia

Netflix

Sabemos que los datos son en la era digital el equivalente al petróleo en la economía industrial. La dependencia de las cifras y las analíticas obliga a reflexionar sobre quién posee los datos, cómo se accede a ellos y cómo se consigue su transparencia. De hecho, gran parte de la estrategia europea del Mercado Único Digital se define a partir de estos tres conceptos. Las directivas europeas marcan el camino, pero es importante conocer cómo esta realidad se traduce en las situaciones cotidianas. Tomemos como referencia algunos ejemplos actuales. 

Datos necesarios para todo

El lema actual del mundo digital sería "sin datos no existes". No hace falta referirse a sectores económicos estratégicos; tomemos el mundo de las redes sociales, donde las analíticas son su valor más preciado. A partir de ellas se mide su capacidad de influencia e impacto social, que sabemos que es grande y mucho. Todos conocemos la importancia de un 'me gusta' o del número de comentarios que se reciben. 

La mayoría de estos gigantes y plataformas digitales son reticentes a hacer públicos sus datos. Google, con su plataforma YouTube, es un clarísimo ejemplo de cómo dominar sus datos se ha convertido casi en una especialidad profesional. Solo hay que ver cómo los mismos 'youtubers' explican cómo los cambios en los algoritmos de la compañía impactan en sus audiencias e ingresos publicitarios. Lo mismo les ocurre a los medios de comunicación, cuando utilizan YouTube para llegar a los espectadores más jóvenes.

El gran debate está en los datos públicos o privados. YouTube ofrece algunos datos; pero otras plataformas, como Spotify o Netflix, solo aportan datos cuando les conviene. De hecho, esta estrategia no siempre es aparentemente beneficiosa. Hace unos días se publicaba cómo uno de los 'podcasters' estadounidenses más influyentes, el cómico Joe Rogan, había perdido su protagonismo en el mundo digital. La razón: había firmado en exclusiva para la plataforma Spotify y ahora no se conocían sus audiencias porque la compañía no ofrecía datos. 

Netflix sería otro ejemplo de cómo ofrecer datos en los que tenemos que confiar sin tener casi información sobre los mismos. Cuando abres su plataforma y accedes a sus contenidos aparece el listado de los diez más vistos en tu zona. La primera pregunta que surge es saber cómo han llegado a este listado si no nos explican cómo lo elaboran. La segunda sería conocer los datos sobre los contenidos que estamos visionando como suscriptores. La tercera estaría relacionada con su posición dominante en el mercado audiovisual y dar a conocer las cifras más relevantes de impacto.

Acceso y transparencia 

El acceso a los datos debería ser considerado como un básico en el proceso de digitalización de cualquier sector económico. La Unión Europea hace bandera de querer desarrollar de manera completa el Mercado Único Digital. Está haciendo cambios en la legislación para obligar a todas las empresas a garantizar los derechos digitales de sus ciudadanos. Pero los avances están siendo dificultosos

El primer obstáculo que aparece es descubrir cómo acceder a los datos. Hablo de descubrimiento porque en algunos casos resulta en arduas gestiones para conocer quien podría facilitártelos. Parece ser que esta garantía solo se está exigiendo a los servicios públicos europeos y en el caso de los sectores privados las exigencias son más laxas. Además, este tema se agrava cuando se trata de grandes corporaciones internacionales, cotizadas en bolsa, que se deben únicamente a sus accionistas. 

Un ejemplo reciente de esta reticencia a acceder a los datos se ha visto en los Estados Unidos cuando Facebook ha dejado de autorizar el acceso a los investigadores de la Universidad de Nueva York que estaban estudiando la transparencia de los anuncios políticos y la desinformación en esta red social.

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Por último, la transparencia es necesaria para conocer de qué forma aseguran el derecho de protección de datos personales y la cesión de estos para diferentes usos. Nos señala la importancia de que las autoridades europeas controlen el buen funcionamiento de estos acuerdos entre empresas y usuarios.

Sin datos no hay mercados digitales, pero sin garantizar el acceso y la transparencia no se protegen los derechos fundamentales de los ciudadanos en estos ecosistemas dominados por los gigantes tecnológicos.