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Bofetada a Calviño

El INE ha recortado del 2,8% al 1,1% el aumento del PIB en el segundo trimestre. La negociación de los presupuestos de 2022 será más dura

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Nadia Calviño.

Nadia Calviño. / A. Pérez Meca / Europa Press / Pool

Para el Instituto Nacional de Estadística (INE), reconocer que había errado en su previsión del segundo trimestre y que el crecimiento del PIB no fue del fuerte 2,8% anunciado en julio, sino solo de un modesto 1,1%, no debió ser nada agradable. Nunca una revisión estadística había sido tan alta y solo lo explica la volatilidad de los datos de la pandemia.

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Pero la gran bofetada es para el Gobierno y para Nadia Calviño, que han visto cómo un error estadístico tiraba por tierra sus previsiones económicas. Y políticas. Sí, España volvió a crecer en el segundo trimestre, pero menos de la mitad de lo creído, lo que alterará el cuadro macroeconómico que se acababa de presentar. Calviño preveía un crecimiento anual del PIB del 6,5% y que la actividad recobraría los niveles anteriores a la pandemia antes de finalizar el año, lo que daba aire a los presupuestos de 2022.

Lo dijo con autoridad, pues la OCDE incluso elevaba el crecimiento español al 6,8%, el quinto mayor del mundo –un listado encabezado por India y China– y superior al de Estados Unidos y todos los países europeos. Ahora estas previsiones se tendrán que revisar a la baja y el rebote español se quedará en el entorno del 5%. La economía española vuelve a crecer, pero el INE ha lanzado un jarro de agua helada al optimismo gubernamental que creía poder negociar unos presupuestos expansivos (y solventes) que avalarían los ministros más entusiastas del gasto, empezando por la vicepresidenta Yolanda Díaz, y encontrarían con relativa comodidad aliados para su aprobación parlamentaria.

Ahora Calviño y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, deberán ser más recelosas ante muchas exigencias, pues España hay siempre tendencia a exigir más gasto o, peor aún, más gasto y menos impuestos. Y al presidente Sánchez le costará más arbitrar entre la ortodoxia económica de Calviño, que mira a Bruselas y sabe que sin el BCE no se habrían podido pagar los ertes, y las exigencias de sus socios de coalición y aliados parlamentarios. La razonable “recuperación justa” no puede llevar a un irrazonable descontrol del gasto.

A Calviño y a Sánchez, la revisión del INE les ha recortado el margen para negociar los presupuestos. ¿Lo comprenderán los socios, o cantarán aquello tan tradicional de “todos queremos más, más, y mucho más”?

Y no es solo el INE. Las bolsas mundiales se recuperan tras el pánico por la posible quiebra de Evergrande, la inmobiliaria china que debe 300.000 millones de dólares. Pero la difícil digestión de su ‘boom’ inmobiliario (peor que el español) tirará a la baja el crecimiento chino, una de las palancas motrices de la economía mundial. Y el Ibex español se ha revalorizado este año siete puntos menos que el Euro Stoxx 50 y 10 puntos menos que el CAC francés. Por algo será.

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Además, la política monetaria súper expansiva de la Reserva Federal y del BCE no va a terminar, pero tiende a moderarse. La gran fiesta del dinero barato –con la que sobrevivimos a la pandemia– es más cosa del pasado que del futuro. Y los tipos de interés subirán en 2023. Quizá antes.

China, el INE y el precio del gas natural y de la electricidad harán que el Gobierno deba sudar, todavía más de lo que quiere Rufián, los presupuestos. Pero la recuperación, aunque recortada, sigue. Tras tantas quejas de los hoteleros, el martes abrió sus puertas un nuevo hotel en Barcelona. El Leonardo Royal Fira, cuatro estrellas, 11 pisos, 204 habitaciones y 10.000 metros cuadrados. El noveno de la cadena en España. Por algo será.