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¿Está amenazada la democracia?

Los gobiernos deben reclamar a sus ciudadanos un mayor conocimiento e interés político y los ciudadanos exigir a sus gobiernos la potestad de participar en decisiones importantes a lo largo de la legislatura

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se dirige a la Asamblea General de Naciones Unidas, este 22 de septiembre de 2021 en Nueva York, madrugada del jueves en España.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se dirige a la Asamblea General de Naciones Unidas, este 22 de septiembre de 2021 en Nueva York, madrugada del jueves en España. / REUTERS / EDUARDO MUÑOZ

El presidente del Gobierno concluía su discurso ante la ONU con una defensa a ultranza de la democracia y la necesidad de salvaguardar el modelo democrático de los ataques intimidantes de sus más acérrimos enemigos. Sánchez ha lanzado un mensaje directo desde la capital del mundo, a la ultraderecha española y sus acólitos.

La sentencia, sin duda contundente, me hace reflexionar sobre una de las principales carencias de la democracia: el papel limitado que tienen los ciudadanos en el mejor sistema político.

La democracia es el único sistema válido para garantizar la prosperidad y el respeto a nuestros derechos más fundamentales, pero es evidente que requiere una reinvención que nos haga más partícipes, que nos sitúe en el centro. Urge una población democráticamente activa.

Las democracias contemporáneas otorgan a los ciudadanos la potestad de elegir a sus representantes de forma periódica. Esto es cederles el poder absoluto sobre cualquier decisión que afecte a sus vidas en los siguientes cuatro años. La máxima participación democrática ciudadana requiere una lucidez de apenas cinco minutos, el tiempo que se tarda en depositar la papeleta en las urnas.

Con este nivel mínimo de participación, resulta evidente que el ciudadano ni se esfuerza en entender la política ni se siente motivado para hacerlo. La desafección política es una de las consecuencias de una democracia a todas luces incompleta.

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Debemos cuidar y proteger la democracia tal y como ha señalado Pedro Sánchez, pero también es nuestro deber construir una democracia exigente. Los gobiernos deben reclamar a sus ciudadanos un mayor conocimiento e interés político y los ciudadanos exigir a sus gobiernos la potestad de participar en decisiones importantes a lo largo de la legislatura.

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Actualmente esta democracia activa recae exclusivamente en grupos de presión o 'lobbies', capaces de influenciar y modelar las decisiones de nuestros gobiernos. 

Es un mal asunto creer que estos grupos van a garantizar el respeto a las minorías, realmente amenazadas.