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El Barça y Koeman, al final del camino

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Koeman, durante el Barça-Granada en el Camp Nou.

Koeman, durante el Barça-Granada en el Camp Nou. / Jordi Cotrina

Koeman se siente incomprendido. No es el primer entrenador al que le pasa, ni será el último. Quizás cansado de explicarse, quizás intentando evitar otro diálogo público con la presidencia del club, quizás consciente de que si sigue rebajando la categoría de sus jugadores acabará diciendo que entrena a la peña bufanda, el técnico holandés optó por emitir un comunicado que no hace más que evidenciar de nuevo la debilidad de su posición.

A pesar de ser un mensaje realista, ese estructurado “esto es lo que hay” resulta un nuevo desafío para su presidente, que mantiene un discurso opuesto, uno que recuerda a aquel famoso “al loro, que no estamos tan mal”. Veremos si hay un nuevo vídeo, de momento, “pelota al suelo”.

Más contradicciones. Koeman, que reclama apoyo incondicional, en palabras y en hechos, no es capaz de mantener la coherencia entre lo que dice y lo que hace. Si uno se resigna ,porque se está construyendo el futuro, le va a costar entender porque su entrenador cambia de planteamiento a cada partido a la caza urgente de un resultado: un día opta por echarse atrás para que no le hagan daño y al siguiente renuncia a generar juego a través de su estilo. Un día es el Getafe y al siguiente el Osasuna, con la ilusión de volver a ser el Barça por arte de magia.

Lenta agonía

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Han hecho falta cinco partidos para confirmar que mantener a tu entrenador a desgana era un mal plan. Koeman vive en una provisionalidad casi diaria, ya no se trata de que después de cada partido haya que buscar la ratificación de su cargo, sino que el pulso es tal que cabe preguntar después de cada declaración. El contrato blindado que Bartomeu proporcionó al holandés dejó poco margen de maniobra a Laporta. Pero la ausencia de alternativa, y de rumbo, ya no corresponde al expresidente. 

La situación se antoja irreversible. Una lenta agonía para un desenlace que todos vemos e intuimos. Si no fuera porque el Barça nunca defrauda, se diría que no va a haber factor sorpresa en el final de este culebrón.