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¿Qué pasa en el PP de Madrid?

La aparición de una derecha iliberal y autoritaria no es un fenómeno solo español. Afecta a muchos países europeos y a Norteamérica

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Pablo Casado y José Luis Martínez-Almeida acompañan a Isabel Díaz Ayuso en su toma de posesión tras ser investida presidenta de la Comunidad de Madrid, el pasado 19 de junio.

Pablo Casado y José Luis Martínez-Almeida acompañan a Isabel Díaz Ayuso en su toma de posesión tras ser investida presidenta de la Comunidad de Madrid, el pasado 19 de junio. / Zipi / Efe

El horizonte político está cada día más movido y es difícil predecir qué partido ganará las próximas elecciones y qué pactos podrán ser necesarios. Tras la aplastante victoria de Isabel Ayuso en las elecciones de mayo de la Comunidad de Madrid, muchas encuestas -no todas- dicen que el PP quedaría en primera posición. 

Pero, atención, uno de los problemas de Pedro Sánchez es que, con 120 escaños, debe gobernar con Podemos (35), que no está en la centralidad europea, lo que genera dificultades para implementar una política acorde con los socios europeos.  

Y este problema podría afectar también a Pablo Casado. Dejando aparte la última encuesta del CIS, parece que si las elecciones fueran ahora el PP -si llegara primero- siempre necesitaría a Vox para la investidura y la gobernación. Según una encuesta muy reciente del IMOP, el PP sacaría 113 escaños y Vox 56 y con la suma de 169 tampoco tendrían garantizada la mayoría absoluta. Pero el PP dependería de Vox más que el PSOE de Podemos. Y Vox no solo no está en la centralidad europea, sino que es un partido proscrito para el pacto en Francia y Alemania. No en Italia, pero en un Gobierno de unión nacional presidido por Draghi.

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La partición de la derecha liberal, o del centro-derecha, en dos por el auge del nacionalismo y el iliberalismo no es un fenómeno solo español. Se ha dado en Polonia y Hungría, donde la derecha iliberal gobierna en conflicto con Bruselas, y también en Gran Bretaña con Boris Johnson y en América con Donald Trump. Lo explica bien la periodista polaca Anne Applebaum, columnista del ‘Washington Post’ y casada con un antiguo ministro de Exteriores de Polonia, en un libro de gran éxito: ‘El ocaso de las democracias. La seducción del autoritarismo’.

Applebaum, con un relato ágil y la ayuda de muchos testimonios directos, dice que, tras el cambio de siglo, en muchos países se produjo un grave cisma en la derecha. Los que eran amigos dejaron de serlo cuando unos optaron por más nacionalismo, aversión a Europa y a la inmigración y una pulsión autoritaria. Esta corriente ha ganado en el conservadurismo inglés con Boris Johnson y la consumación del Brexit y en los republicanos americanos con la victoria de Trump en 2016. En España ha llevado al ascenso de Vox con políticos que muchas veces venían del PP. 

El libro explica de primera mano la evolución de Johnson y detalla conversaciones en Madrid con fundadores de Vox. Pero en España el fenómeno es distinto porque el PP no ha sucumbido al iliberalismo, sino que ha conducido a la escisión de Vox. Quizás porque el PP forma parte del PP europeo, en el que el peso alemán es alto y no hay complacencias con la extrema derecha. Y el nacionalismo de Vox es menos antieuropeo y está más centrado en la animadversión al nacionalismo vasco y catalán.

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Pero la distinción entre el PP y Vox tampoco es nítida porque hay un sector del PP -Esperanza Aguirre o Isabel Ayuso- que explicita simpatías con posiciones de Abascal. Es esta porosidad PP-Vox, inexistente entre la CDU y la extrema derecha alemana, lo que puede haber tras el encontronazo, en apariencia solo instrumental, entre la ambición de Isabel Ayuso de lograr la doble presidencia (Comunidad y PP de Madrid) y la dirección nacional del PP, más obligada a mirar hacia Europa, como se vio con la decisión de Pablo Casado de votar contra la moción de censura de Vox. 

Pero al final lo que cuenta son los escaños y la derecha liberal, cuando pregona su próxima victoria, da por hecho un pacto PP-Vox. No es irrelevante.