Movilidad Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

¿Cómo viviremos juntos en el futuro?

Un factor clave del progreso descansa en la conectividad entre las ciudades medianas catalanas con Barcelona y su región metropolitana

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Patinetes sin casco por la avenida Diagonal

Patinetes sin casco por la avenida Diagonal / JORDI COTRINA (Bcn)

Un año más, llega la Semana Europea de la Movilidad para recordarnos la urgencia de apostar localmente y globalmente por una movilidad sostenible y colectiva, que responda a las necesidades de la ciudadanía.

La movilidad es un eje vertebrador para el desarrollo del territorio, la economía y la sociedad, puesto que refleja como ningún otro indicador cuál es la visión estratégica del país. Sin embargo, la movilidad también es un vector indispensable para hacer frente a la crisis más grave: el cambio climático. Parte de esta crisis es visible, como los fenómenos meteorológicos, pero otra no lo es tanto: la contaminación atmosférica, lumínica y acústica, que ponen en peligro nuestro futuro.

Hashim Sarkis, comisario de la Bienal de Arquitectura de Venecia de este año, propone reflexionar detenidamente alrededor de la pregunta: “¿Cómo viviremos juntos en el futuro?”. La respuesta catalana, de la mano de la arquitecta Olga Subirós, fue clara y contundente: “viviremos en el aire limpio”, reivindicando así el diseño del aire como parte del diseño de la ciudad. En estos momentos, la contaminación de algunas ciudades es alarmante, por eso todas las medidas que se tomen serán bienvenidas.

Resolver las dificultades de transporte del área metropolitana de Barcelona tiene que dejar de ser un desiderátum. Las retenciones habituales de cada mañana empeoran la calidad del aire que, como sabemos, afecta a nuestra salud, a nuestra vida. Sin ningún tipo de duda, cuando no hay alternativa en transporte público la responsabilidad del uso masivo del coche no solo recae en el conductor, sino en la baja oferta de transporte colectivo.

Se habla de Catalunya como un país pequeño, pero la medida de un país no la tiene que definir solo su superficie, sino su capacidad para materializar los anhelos de su ciudadanía y para dar respuesta a los retos presentes y futuros. Hay que pensar en grande.

Adaptar nuestras ciudades a las bicicletas y otros vehículos de transporte individual y colectivo tiene que ser prioritario para poder garantizar la seguridad de todo el mundo

Un factor clave del progreso descansa en la conectividad entre las ciudades medianas catalanas con Barcelona y su región metropolitana. Esta idea, denominada la Catalunya de los 45 minutos, colaboraría a resolver problemas como la crisis de la vivienda de muchas ciudades, revirtiendo las dinámicas centralizadoras de Barcelona y actuando como motor para las grandes infraestructuras necesarias de cara a la crisis climática. Hay que tener sensibilidad y reconocer la personalidad propia de ciudades de la segunda corona, que aportan industrialización y mejora en la productividad catalana, como son Manresa, El Vendrell o la zona del Camp de Tarragona, y que son imprescindibles en el futuro del país, dotándolas de infraestructuras de transporte suficientes.

Desde la arquitectura defendemos el relato territorial y la transformación de las ciudades en espacios más amables, equitativos y resilientes, a través de la renovación urbana. La pandemia ha puesto sobre la mesa la urgencia de naturalizar los municipios y de garantizar el acceso al trabajo, al ocio y al descanso, evitando desplazamientos innecesarios.

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Encontramos la libertad en ciudades con calidad arquitectónica, donde las personas están en el centro de sus dinámicas, y que ponen a su alcance transportes públicos y sostenibles, facilitando así el desarrollo personal y profesional.

No podemos dejar de lado la importancia de hablar sobre la convivencia en el espacio público. La coexistencia de peatones, patinetes, ciclistas y otros, dificulta transitar a pie tranquilamente. Adaptar nuestras ciudades a las bicicletas y otros vehículos de transporte individual y colectivo tiene que ser prioritario para poder garantizar la seguridad de todo el mundo. Los Países Bajos, por ejemplo, han resuelto no permitir los patinetes eléctricos hasta que no cuenten con una reglamentación consensuada que regule su circulación.

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Para acabar, es imprescindible y hay que remarcar que todas las políticas públicas tienen que contar con el conocimiento y pericia de los profesionales, que aportan rigor, dado que las grandes transformaciones que necesitamos van más allá de calendarios electorales. Para lograr proyectos de país vertebradores hace falta participación, compromiso y consenso. Los profesionales estamos a disposición para mediar, superar bloqueos y políticas tácticas, que impiden el cambio en positivo.

 

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