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Partos naturales y hongos alucinógenos

Los efectos beneficiosos del 'Claviceps purpurea' en el parto eran conocidos por las herboristas de la antigüedad. En el siglo XX se aisló la ergotamina y se pudo controlar las dosis. Desde entonces, esta sustancia ha salvado incontables vidas de recién paridas

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Partos naturales y hongos alucinógenos

De manera recurrente oigo hablar de las ventajas del parto natural. No obstante, cuando veo a mi nieto o a mi hijo, que no habrían nacido de forma natural a causa de una placenta previa y ausencia de dilatación, me alegro infinitamente de que hoy existan partos artificiales. Pero no todas las mujeres de mi familia tuvieron tanta suerte: cuando nacieron mi abuelo y abuela maternos solo existían partos naturales y sus madres murieron naturalmente a consecuencia del parto. Mi abuela paterna sobrevivió, pero no lo hicieron todos sus hijos, a causa de la estrechez de su pelvis; mi padre fue el único que sobrevivió, de un total de cuatro embarazos a término, con fetos sanos y maduros.

De todas esas muertes tan dramáticas creo que la peor fue la de mi bisabuela Adela, que murió horas después de haber dado a luz a su séptimo hijo, mi abuelo, en un parto sin complicaciones aparentes. Se la encontraron yerta cuando entraron a darle el caldo tras el parto. Su vida se le había escapado con la sangre, que formaba un gran charco bajo su cama. 

Esa muerte se habría podido evitar con un hongo, el conocido como cornezuelo de centeno, o 'Claviceps purpurea', especie de cuernecillo de color morado oscuro y olor desagradable, parásito del centeno. Es el mismo hongo que causó varios envenenamientos a lo largo de la historia, uno de los cuales pudo estar detrás de la Grande Peur, “el gran miedo” de julio de 1789 en Francia y pudo ser uno de los factores desencadenantes de las protestas violentas previas a Revolución Francesa. La toxicidad del hongo se debe a la ergotamina, una sustancia similar a la droga LSD, que causa alucinaciones y tiene efectos paralizantes y vasoconstrictores, dando lugar a la enfermedad conocida como ergotismo. Sus efectos más graves son la gangrena seca, que puede originar la pérdida de los dedos de las manos y los pies, e incluso de brazos y piernas. En la Edad Media esta enfermedad se consideraba un castigo divino que solo sabían curar los frailes de la orden de San Antonio, por lo que era conocida como fuego de San Antonio. Posiblemente estos monjes, además de prescribir a los enfermos oraciones y penitencias, los trataban con masajes en las extremidades afectadas, de manera que se restableciera la circulación sanguínea. 

El parto es un momento extraordinariamente delicado por múltiples razones, el personal sanitario es humano y comete errores, pero creo que es muy injusto hablar de manera generalizada de violencia obstétrica hoy

Gangrena, alucinaciones, locura colectiva, ¿cómo este hongo pudo haber salvado la vida de la bisabuela de la que heredé el nombre? La clave está en la dosis y en la investigación médica

Los efectos beneficiosos del 'Claviceps purpurea' en el parto eran conocidos por las herboristas de la antigüedad; las comadronas francesas generalizaron su uso para desencadenar el parto y controlar las hemorragias posparto en el siglo XVIII. Pero, a comienzos del siglo XIX, se detectaron efectos nocivos en los neonatos, por lo que se descartó su uso hasta que en el siglo XX se aisló la ergotamina y se pudo controlar las dosis. Desde entonces, tanto esta sustancia, como otras con similares propiedades vasoconstrictoras desarrolladas posteriormente, han salvado incontables vidas de recién paridas.

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A consecuencia de algunas singularidades de nuestra fisiología, como la bipedestación y el gran tamaño de nuestro cerebro, el nacimiento de los seres humanos es un proceso mucho más traumático que el de la mayor parte de los mamíferos, por lo que el drama de mis bisabuelas no era excepcional. Pero ese cerebro nuestro tan desarrollado nos ha dado herramientas para disminuir los efectos traumáticos del parto en la madre y el recién nacido. Por ejemplo, el conocimiento de sustancias como la ergotamina, que permiten controlar las hemorragias que resultaban fatales en otros tiempos, o los antibióticos, que desterraron infecciones como la responsable de la muerte de mi bisabuela Dionisia. 

El parto es un momento extraordinariamente delicado por múltiples razones, el personal sanitario es humano y comete errores, pero creo que es muy injusto hablar de manera generalizada de violencia obstétrica hoy. Yo estoy completamente segura de que mis bisabuelas habrían cambiado sus partos por el peor de los partos de hoy en día. Porque ellas sí que sufrieron una auténtica violencia obstétrica.