Mundo pospandémico Opinión Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos

Europa debe sacar los codos

La dependencia de Estados Unidos es insostenible a la vista del repliegue geoestratégico en el que ahonda Joe Biden

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El Parlamento Europeo, durante la intervención de Ursula von der Leyen.

El Parlamento Europeo, durante la intervención de Ursula von der Leyen. / REUTERS / YVES HERMAN / POOL

Todo va bien hasta que todo puede ir mal. La vida, el mundo y las construcciones políticas como la UE son esencialmente frágiles. Un virus escondido en el aire nos lo ha recordado cada día desde hace un año y medio. Europa ha sobrevivido al Brexit sin apenas inmutarse y surfea la pandemia bastante mejor de lo esperado. Pero algunos episodios como la abrupta salida de Afganistán y el adiós del todo protector norteamericano siembran dudas sobre la capacidad de la UE de hacerse un hueco en el mundo pospandémico. 

El virus da estos meses una tregua a la espera de un otoño incierto. Esta semana se ha celebrado el debate del Estado de la Unión en la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo, un edificio fantasma que llevaba casi 20 meses vacío. Ahora había por fin rostros humanos en el hemiciclo; señales de vuelta a la normalidad ante la agotadora resiliencia en formato Zoom.

La euforia de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, es perfectamente comprensible. Nadie le tomó en serio cuando en medio de los fiascos iniciales con la compra conjunta de las vacunas de AstraZeneca se comprometió a vacunar al 70% de los europeos en el verano. Ahora superamos el 72%, por encima de Reino Unido y Estados Unidos. También hemos exportado bastantes más vacunas (700 millones de dosis en 130 países).Visto el desastre de la peor crisis de salud pública en 100 años, el camino de crear una unión sanitaria es esperanzador.

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El zarpazo económico del covid ha sido descomunal, pero la respuesta de la UE ha superado todas las expectativas. Si en la crisis de 2008 desbordó el egoísmo, se impuso la ceguera austera y el sálvese quien pueda, ahora el paisaje irradia optimismo. La eurozona tardó entonces ocho años en volver al PIB previo a la crisis. Esta vez la gran mayoría lo logrará en uno o dos años. El crecimiento supera al de Estados Unidos o China.

Puede que incluso el Brexit, un fracaso para un club nacido para crecer, haya podido ayudar en este caso. ¿Alguien imagina que un Reino Unido dentro hubiese aceptado la puesta en marcha del plan de recuperación 'Next Generation UE', la mayor movilización de dinero público (hasta 750.000 millones de euros) en la historia de la UE?

La calma podría durar poco y el invierno podría ser especialmente largo. Y caro. Los precios de la energía están disparados. El repunte de estos días es solo un aperitivo de lo que puede suponer el encarecimiento de las emisiones de CO2 conforme avancen los planes de transformación verde que impulsa la UE bajo el paraguas legislativo 'Fit for 55'. Sin las ayudas adecuadas, el cambio verde puede precipitar una revuelta similar a la vivida en Francia con los chalecos amarillos. “No dejar a nadie atrás”, como prometió la presidenta requerirá la movilización de recursos ingentes.

El 20 aniversario del 11-S ha coincidido con una derrota en Afganistán que salpica la conciencia con preguntas incómodas. Estados Unidos haría la cena y los europeos fregarían los platos, vaticinó el analista Robert Kagan en 2002 sobre la guerra y la reconstrucción. Parecía fácil. El desastre es clamoroso, por las vidas y los recursos dejados por el camino y sobretodo por quienes creyeron que no serían abandonados en su marcha hacia la dignidad, niñas y mujeres afganas incluidas.

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Ni agenda propia en esta crisis, ni capacidad autónoma para evacuar al personal de las embajadas. La dependencia de Estados Unidos es insostenible a la vista del repliegue geoestratégico en el que ahonda Joe Biden, convencido de que las amenazas y las prioridades están en el Pacífico. Los adversarios de la UE, como Rusia y China, quien sabe si enemigos un día del mañana, se preguntan sobre quién está dispuesto a defender a Europa.

Von der Leyen habló al tomar posesión en 2019 de su deseo de presidir una “Comisión geoestratégica”. El jefe de la diplomacia, Josep Borrell, se propuso lograr que la UE “hable el lenguaje del poder”. La capacidad de defensa autónoma es indispensable para Europa. La anunciada cumbre de la defensa bajo presidencia francesa el año próximo es un buen inicio. Pero no nos engañemos: la idea de un ejército europeo es tan antigua como los orígenes de la Unión.