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Ganar tiempo sin romper el cántaro

La comparecencia distendida de Sánchez y el mitin de Aragonès dejaron en evidencia que no hablan de lo mismo. Pero lo determinante será la asimetría de la mesa de negociación

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ’president’ de la Generalitat, Pere Aragonès, en el Palau de la Generalitat en Barcelona, antes de la reunión de la mesa de diálogo sobre Catalunya.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ’president’ de la Generalitat, Pere Aragonès, en el Palau de la Generalitat en Barcelona, antes de la reunión de la mesa de diálogo sobre Catalunya. / Ferran Nadeu

La mesa de negociación es asimétrica a pesar de los muchos esfuerzos por parte de la Generalitat de plantearlo como un diálogo entre iguales. Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno de España, en consecuencia el presidente de todos los catalanes, también de Pere Aragonès, como ciudadano y como presidente de la Generalitat. Sánchez lo explicitó en la comparecencia posterior a la reunión con cierta condescendencia, la misma con la que despachó la insistencia de Aragonès en reclamarle la amnistía y la autodeterminación cada vez que se ven. “No son posibles y a Catalunya no le convienen mayores desgarros”, sentenció. Para Sánchez de lo que se trata es de atemperar el conflicto existente “en” Catalunya, ofreciendo todo el tiempo del mundo para acercar posiciones y salir del atolladero.

Pere Aragonès pretende hacer creer que la mesa es simétrica, sugiriendo sibilinamente estar ante la negociación de un proceso compartido entre dos gobiernos de igual peso y jerarquía para pactar una vía para la separación de Catalunya de España. Para el independentismo el conflicto es “entre” Cataluña toda y el Estado. Las negociaciones de este tipo, suele repetir Aragonès, necesitan tiempo. El guiño es del estilo Raimon, “de este tipo, tu ja m’entens”, Irlanda y Reino Unido.

La distancia entre la Agenda del Reencuentro y la negociación sobre soberanía es cósmica, lo que hace pensar que el cántaro tiene que romperse más pronto que tarde, siempre que no se pretenda convertir esta mesa en la caricatura del diálogo. Por una parte, Pedro Sánchez no se siente obligado por los compromisos que pueda tener Pere Aragonès con la mayoría parlamentaria que le invistió en cuanto a plazos e ilusiones. Nos escuchamos y recomponemos el afecto muy maltrecho por la década perdida por parte del Gobierno catalán, vino a decir tras dos horas de reunión. 

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Por la otra, el presidente de la Generalitat no puede aceptar los límites razonables de un diálogo propio de la comisión mixta Estado-Generalitat por que eso sería tanto como dar la razón a sus rebeldes socios de Junts. Por eso insistió en interpretar por elevación la coincidencia de darse el tiempo necesario para obtener algún resultado. Hemos reiniciado el diálogo con el Estado español y no cejaremos hasta que nos den la razón o se retraten como antidemócratas, vino a decir con ánimo enternecedor.

La comparecencia distendida de Sánchez y el mitin de Aragonès dejaron en evidencia que no hablan de lo mismo. Pero lo determinante será la asimetría. El presidente del Gobierno central es el único de los dos que está en condiciones de cumplir la mayor parte de sus propuestas siempre y cuando tenga tiempo para materializarlas. Para ello, para no acelerar la llegada de un Gobierno PP-Vox por culpa de los malentendidos de la mesa, debe obtener de su interlocutor el mínimo compromiso para aceptar la realidad de las cosas. Esto no es sencillo, porque para ERC lo primero es, a día de hoy, ganarle a Junts la batalla por la hegemonía entre los independentistas.